Celestina

August 21, 2017

Tu abuelo se levanta de la siesta cuatro menos cuarto. La rutina indica que se pondrá las pantuflas que le regalaron para su cumpleaños. Esas que son dos números menor pero que nunca quiso ir a cambiar. Con los talones afuera, caminará arrastrando los pies hasta la cocina. Preparará el mate, el agua se le hervirá y tras ello vendrá la puteada de la que siempre sos testigo. -Tapate las orejas- será su consejo para sacarse la culpa por lo que has oído. Abrirá la canilla, llenará medio vaso de agua fría y se lo agregará al termo. Luego te preguntará qué estuviste jugando durante su rato de sueño. Te hará la leche con galletitas de miel y mudará el resto de las pertenecías a la mesa. La consigna es tener todo listo para las cuatro. Puntual.

 

Luego se sentará en un sillón de cañas frente a la caja boba. Es bajito como él. Lo adora y tu mamá detesta ese vínculo. Suele advertirle ‘te hace mal a la cintura… si te duele después no te quejes’. Otra vez está ahí. Te sentís cómplice de esa desobediencia de la tercera edad pero no te queda otra que ser su compañera desde el otro lado de la mesa.

 

 “Nací para ti, aquí me tienes. ¿Qué te hace feliz? Dime qué quieres. Te esperé en soledad tanto tiempo…”, canta una mujer con voz aguda, dando inicio a la programación del canal de la palomita. Ahora aparecerá un viejo de bigotes negros, pelo canoso, con voz poco habitual, repitiendo “Yo me quiero casarrrr y…. usted?”. No te cae muy bien ese hombre que hace del sonido de sus erres una fiel imitación al motor de la motoneta de tu vecino.

 

El programa dura una hora. Lo ves a tu abuelo concentrado. Te mira de tanto en tanto. Sonríe pero no habla. Tampoco debe querer que vos lo hagas. Él sabe que amas charlar.

 

Mirás el té. Se ve caliente. Sale humo. Revolvés el líquido. Te hipnotizás con los círculos marrones y la espuma blanca azucarada. Soplás para hacer olas. El vapor te llega hasta las fosas nasales.

 

-No hagas pavadas- te dice interrumpiendo el silencio.

Sonreís con picardía mientras sumergís una galletita en el fondo de la taza. Quedó blanda y te apurás para sacarla ilesa. Vuelo directo a tu boca. Esta vez el mantel zafó de una nueva mancha. Fue un buen cálculo de tiempo.

 

Su entretenimiento es para vos una penitencia. Estás aburrida.

-¿Falta mucho para las tarjetas?

-Un ratito más- te responde.

-La Flaca y el Trapo podrían coincidir y ser novios-

-Son muy distintos m’hija- responde entre risas.

 

***

 

El abuelo cumplió la promesa y te llevó a la Plaza. En una mano sujetas a la Flaca y en la otra, Trapo. A ella la conociste hace menos de un año en un pequeño negocio de Capital. Estaba colgada contra la puerta de vidrio. Era petisa, caderona, tetona y coqueta. Llevaba un vestido escotado, a media pierna, ajustado, blanco y brillante. Toda ella era llamativa excepto por su cabellera símil nylon. 

 

En cambio él era local. Lo cruzaste en la vereda de calle Ocho, a la salida del cine. Parecía que te estaba esperando. Y te estaba esperando. Tenía un gorro rojo, pantalones negros con tiradores, camisa blanca y ojos grandes. Era tierno como su pelo lanoso y anaranjado.

 

-¿Vas a ser la Celestina?-

-¿Qué es ser Celestina, abu?-

-Se le dice así a los que hacen gancho para que formen pareja-

-Ah! Sí pero no les digas nada a la Flaca y Trapo- pedís previamente a subirte en la calesita con esos muñecos.

 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORA

 

 

 

 

SOLEDAD CASTELLANO dibujó y pintó una decena de cuadros de estilo arte pop cuando pasó los primeros meses de duelo tras la muerte de su mamá. Encontró en los colores fuertes y diversos un canal para descarga de energía. ‘El arte va de la mano de la resiliencia’, afirma la Licenciada en Comunicación Social y Locutora platense, graduada en ambas carreras en la UNLP. En 2015 publicó "Farfalla", su primera novela (de Editorial Malisia) donde narra la vida de cuatro mujeres nacidas en el siglo XX.  Por "Del baile al café" obtuvo una mención en el Concurso Osvaldo Soriano de Relato breve. Trabaja en prensa gráfica y radial.

Se declara amante del teatro tanto como del circo pero confiesa que suele aburrirse con las películas que ‘no la enganchan de una’. Cuenta que disfruta jugar con sus mascotas al igual que ver crecer los inciensos que plantó en una decena de latas de duraznos.

En lo profesional, sueña ahondar en el área de comunicación y salud. E incursionar en el terreno de las crónicas.

 

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