Juan Carr: “Ser honesto hoy en día es ser un revolucionario”

September 12, 2017

“¡Adelante!, ¡No se detengan!” nos pide en un grito de aliento un hombre que bien sabe de no dejarse vencer y luchar día a día para que la sociedad en la que vivimos esté al menos un poquito mejor. Su nombre es Juan Carr y es –para todos los que conocemos su labor- sinónimo de solidaridad y esperanza.  

En el año 1995 creó junto a un grupo de amigos “Red Solidaria” con un fin más que claro: cambiar al mundo.

Su vocación por ayudar al otro, al que padece, surgió a la edad temprana de 9 años cuando se convirtió en scout. Con el paso del tiempo, el niño fue creciendo y cultivando experiencias que no hicieron más que reforzar su meta –recorrió y conoció las culturas de pueblos originarios, sectores postergados y hasta visitó un leprosario-.

Según contó alguna vez, le han ofrecido cargos políticos desde todos los partidos pero nunca terminó de imaginarse como funcionario. “No es mi vocación y eso lo tengo claro”, expresó.

El siete veces nominado al premio Nobel de la Paz no se considera bajo ninguna circunstancia una persona “apolítica” y siempre trata de dejar en claro que Red Solidaria es un movimiento cultural que “no tiene personería jurídica, ni papeles, ni nada” y es por ello mismo que necesita de la ayuda de todos los sectores.

A pesar de esto, ha aclarado que tiene ciertos límites como, por ejemplo, establecer lazos con “mineras contaminantes, tabacaleras o personas que la Justicia haya determinado que cometieron un delito”.

Mirar más allá de nuestro propio ombligo y ver al prójimo como aquel que tiene “derecho a esperar algo de nosotros” son las premisas que tiene Juan Carr y a lo largo de toda la entrevista nos lo deja más que claro.

 

 



-Teniendo en cuenta que la temática abordada durante este mes por LA PERINOLA es el “oficio”, ¿Cómo es el oficio de ayudar?

-Si no se molesta nadie yo cambiaría la frase “oficio de ayudar” por “oficio de compartir conocimiento y la vida”. ¿Qué significa eso?, significa levantar la mirada de tu propio ombligo, mirar alrededor, a los otros y abrazarlos.

Cada paso de los que te describo merece un estudio y tiene etapas. La palabra “ayudar” es un poco fuerte para mí porque cuando terminás ese encuentro con el otro francamente te das cuenta que nunca hubo maestros y discípulos o profesores y alumnos sino que el ayudar tiene que ver mucho con compartir.

El otro tiene un montón de cosas para ayudarte que vos no sabías. El oficio de ayudar tiene que ver con compartir riqueza humana.


-¿Cuándo empezó esta vocación por ayudar a la gente?

Los oficios tienen una parte vocacional inexplicable como es tu vocación de comunicar en la que vos sentís que hay una voz interior que llama a comunicar u otros a ser médicos, docentes, etc.

La parte vocacional se forja en el fondo de nuestra historia en el jardín, la escuela primaria o secundaria.

La otra parte tiene que ver con la educación. Yo fui educado en el scoutismo durante muchos años por unos curas pasionistas irlandeses que eran muy sociales, una Universidad de Buenos Aires donde estudié Ciencias Veterinarias pensando en producir alimentos para el hambre.

Yo respondo mucho a los que me formaron. Lo que hago o trato de hacer, ligado a mi oficio, es para lo que fui educado.  

-Alguna vez soñó con el hambre cero y según las estadísticas estuvo cerca de concretarse, ¿Cómo ves el panorama actual?

-Quien tiene hambre es aquel que no tiene la comida garantizada y la no pobreza tiene que ver con vivienda digna, trabajo en blanco, sueldo digno, educación universitaria o terciaria.

La pobreza es mucho más compleja. Entre los años 1995-1999 la pobreza provocaba en la Argentina 24 muertes por día, una por hora, en chicos menores de cinco años. Es una cifra tremenda. Pasó la crisis del 2001 y en el 2010 –última medición- salió que había dos o tres muertes por día que igual es tremendo pero bajamos bastante.

La batalla contra el hambre continúa. Lo que posiblemente pueda discutirse es que ahora la pobreza ha cambiado. Estamos tan cerca del hambre cero como estábamos entre el 2008 y el 2010.

También estamos igual porque hay muchos años de laburo entre el sector privado y público en la pobreza extrema. La batalla contra el hambre se sigue dando, lo que sí podemos discutir es la pobreza.

Tenemos la esperanza intacta, de hecho hace tres días arrancamos un nuevo plan a 30 años para liquidar el hambre en unos años. Pero te digo que ahora hay una meseta.

-Hoy muchos estamos preocupados por la desaparición de Santiago Maldonado, ¿Tenés alguna postura al respecto?

-Sí por supuesto, buscamos a Santiago. Desde el año ’98 buscamos a los chicos perdidos y desde el 2004 a los adultos. Que uno de los nuestros no esté es una catástrofe y una tragedia. Yo estoy desgraciadamente bastante acostumbrado.

A la pérdida de una persona siempre se le suma una carga que tiene la comunidad para bien y para mal. Eso pasa siempre. Lo concreto es que hasta ahora, como vos me insinúas, estamos buscando a Santiago que no está. Yo por ejemplo tengo 517 más. Por suerte me doy cuenta que la Argentina casi toda, fuera de lo que piense, se pregunta dónde está Santiago. Eso es lo único que importa y lo tenemos clarísimo.

Por eso te decía que estoy bastante acostumbrado a que cuando alguien se pierde hay una enorme generosidad pero también hay debates o discusiones sobre las personas. Somos así y esto tuvo una envergadura tremenda. Ahora, en lo concreto, Santiago no está y yo lo estoy buscando.

 

 -Hay muchas personas con vocación de ayudar y por ahí no saben cómo, ¿Qué les dirías desde tu experiencia? ¿Qué recomendación les brindarías?

-La palabra recomendación es muy fuerte, yo te compartiría algunas sensaciones. Primero, vos sos muy joven pero a mí me han explicado de un montón de revoluciones de todos los colores, de izquierda, de derecha, etc., y hoy día el solo hecho de ser honesto es ser un revolucionario.

Nosotros en las 80 temáticas de una red solidaria cuando alguien necesita un medicamento, un trasplante, una ambulancia, una biblioteca y no la tiene, es producto de la deshonestidad de alguien. Allí es cuando hay un deshonesto o un grupo de deshonestos que se quedaron con algo de las personas a las que ayudamos.

Si uno mira a la Argentina que yo amo, te diría que 16 millones de personas todos los días salen a trabajar y construyen el país. 11 millones de chicos van al primario y secundario y hay tres millones de universitarios y terciarios.

Al menos ocho millones de pobres no son violentos, esperan sus oportunidades. Millones de personas están haciendo honestamente lo que quieren y pueden. Eso no es menor.

Si a todo esto cubriste todas tus expectativas y vocaciones lo único que hace falta es –como te decía en la primera pregunta- dejar de mirarte el ombligo y levantar la mirada. Ahí es cuando ves a alguien que necesita dadores de sangre, alguno de la familia que se quedó sin un mango antes de fin de mes, mirás un poco más allá y ves que una plaza necesita árboles o descubrís un comedor comunitario y podés ir a preguntar qué pasa, darle una mano a una familia o dos personas que durmieron en la calle, etc.  

Después si querés ir a algo más profesional puede ser que vayas a Cruz Roja o a Cáritas. También puede ser que seas un comunicador, un arquitecto o un docente y tu vida toda la canalices por los más postergados haciendo viviendas sociales, radios comunitarias o en los grandes medios nacionales te dediques a hablar de los temas ocultos como el autismo o la salvación de bosques.

Desde ser honesto -que no es algo menor- hasta la vocación de irte a África, la India o el norte argentino a colaborar, ahí hay un montón de grises y yo soy muy respetuoso de que cada uno haga el camino que le parezca.  

 

 

 

 

 

AUTOR

 

 

 


 

 

ANDRÉS MONTERO: Nació y se crió en Dolores, Buenos Aires. Los libros que despertaron su interés por la lectura fueron “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez y “Recuerdos de un médico rural” de René Favaloro. Debido a su pasión por la música –admirador del rock británico y anglosajón-, a la edad de 14 años decidió aprender a tocar la guitarra, instrumento que hasta el día de hoy lo acompaña en momentos de ocio. Ni bien terminó el secundario, se fue a estudiar Comunicación Social a La Plata junto con cuatro amigos. Luego seis años de estudio –y algunas cosas más- se recibió en la UNLP. Actualmente ejerce la labor periodística a pesar de haberse formado académicamente en Planificación Comunicacional. Planea recorrer el mundo y –en lo posible- vivir cerca del mar.

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