Wakefield y el problema del hombre moderno

November 20, 2017

¿A quién no le sucede o sucedió de pronto estar cansado de la rutina y de los problemas que se nos presentan de forma cotidiana? ¿Qué pasaría si un día de repente por una u otra razón tomamos la decisión de irnos de nuestra casa sin previo aviso? ¿Cuál sería el accionar y sentir de nuestros seres queridos ante una situación tan complicada como esa? ¿Estaríamos dispuestos a afrontar las consecuencias de ese tipo de acción? La película dirigida por la cineasta estadounidense Robin Swicord titulada “Wakefield” -o “El Sr. Wakefield” en español-, nos invita a hacer esta reflexión.

 

 



El argumento del film, nos invita a adentrarnos en la vida de un ejecutivo de unos 50 y tantos años interpretado por Bryan Cranston, el cual hastiado de su "normal" y rutinaria vida, un día -casi por casualidad- decide no volver a su casa y esconderse en el ático.

Desde allí, con la ayuda de unos binoculares, comienza a observar el día a día de su mujer –interpretada por Jennifer Garner- y sus dos hijas adolescentes. Para que la experiencia sea completa, decide subsistir buscando comida y ropa en los tachos de basura.

Con el paso de las semanas, el hombre en cuestión se choca con el hecho de que su familia poco a poco va sobrellevando la situación y de alguna forma superando la pérdida.

Quizá ese sea uno de los mensajes principales del largometraje: la vida y el tiempo siguen su curso, nunca se detienen y los seres humanos aprendemos –generalmente- a seguir adelante, nos reponemos y tratamos de convencernos de que “de eso se trata la existencia”.

La modernidad líquida y la angustia y disconformidad diaria

Tal como afirmó Zygmunt Bauman en una entrevista al medio periodístico español La Vanguardia, “todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre”.

¿No es acaso eso lo que le pasa a Wakefield? En este sentido, el sociólogo nacido en Polonia explica que “estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe”.

En torno a esto, Bauman destaca que “en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia”.

 

 

Ahora bien, ¿Cuál es el impulso que predomina en Howard Wakefield? ¿Su acto es cobarde o propio de un mártir que se despoja de todo y se cansa de ser un “hombre moderno”?

En primera medida podríamos afirmar que ni una ni otra. No es uno sino varios los motivos por los que toma la decisión de abandonar su acomodada vida para experimentar el anonimato.

Si bien la decisión es un tanto extrema, tampoco podemos decir que no tiene motivos para hacerlo: un matrimonio desgastado, la nula empatía de parte de sus hijas y un trabajo que no lo apasiona en lo más mínimo. Asimismo, este tipo de problemas, ¿No son aquellos con los que nos encontramos todas las personas en algún momento? La respuesta está clara pero, ¿quién somos nosotros para juzgar a alguien que sí lo haría?

 

 

 

 

 

 

 

                                 AUTOR

 

 

 

 

 ANDRÉS MONTERO: Nació y se crió en Dolores, Buenos Aires. Los libros que despertaron su interés por la lectura fueron “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez y “Recuerdos de un médico rural” de René Favaloro. Debido a su pasión por la música –admirador del rock británico y anglosajón-, a la edad de 14 años decidió aprender a tocar la guitarra, instrumento que hasta el día de hoy lo acompaña en momentos de ocio. Ni bien terminó el secundario, se fue a estudiar Comunicación Social a La Plata junto con cuatro amigos. Luego seis años de estudio –y algunas cosas más- se recibió en la UNLP. Actualmente ejerce la labor periodística a pesar de haberse formado académicamente en Planificación Comunicacional. Planea recorrer el mundo y –en lo posible- vivir cerca del mar.

 



 

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