Marina Arias: “Me encantaría hacer una película con mis novelas”

January 2, 2018

La escritora no se queda quieta, al menos sus dedos nunca lo están. Y es que después de publicar la trilogía que comprende Neoprene (2005), Mochila (2014) y Bondi (2017) tiene material para publicar dos libros de cuentos. En esta entrevista Marina Arias habla sobre su última novela, cuenta por qué nunca escribiría un policial y por qué la realidad del país se le mete por la ventana cuando escribe.

La obra de Marina Arias está en constante movimiento. No solo porque sus novelas, aunque cierran en sí mismas, dialogan entre sí, sino porque además, empezando por los títulos, la narrativa de esta escritora propone un viaje, invita a salir, a cambiar de escenarios, sugiere aventura. Nunca está quieta la escritora ni sus personajes.

 


Los protagonistas de Bondi, última novela de Arias publicada por el sello platense Club Hem, no son otros que Mariana y Christian, cuyos encuentros y desencuentros marcan el pulso de la (hasta ahora) trilogía. En orden cronológico, la primera en aparecer fue Neoprene (2005 y reeditada 2016) y, luego, Mochila (2014). Además, Arias, Doctora en Comunicación y Profesora de ficción escrita en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, publicó el libro de cuentos Hacia el mar (2009).
 

-En tus libros, tanto de novelas como de cuentos, los títulos sugieren movimiento, desplazamiento, viajes. ¿Tiene alguna explicación esta constante?
 

No fue algo consciente. Lo que sí me pasa es que cuando emprendo la aventura de escribir un libro inicio un viaje. Es un tiempo en el que estoy viajando en un mundo paralelo, me alieno. Cuando corrijo no, pero cuando estoy en la etapa de creación ando alienada por la calle, algo bastante peligroso. Curiosamente, mi primera novela, Neoprene, tiene que ver más con un viaje al sur, con la idea de la Patagonia, con un traje de neoprene, pero la palabra no sugiere viaje. Y justamente es la única novela en la que se cuenta un viaje, es una especie de road-novela. Me resultó muy entretenido, muy lúdico usar ese formato de viaje porque me permitió encontrar personajes y abandonarlos rápidamente sin tener que dar muchas explicaciones. En las tres novelas, el título es como una suerte de síntesis; Bondi es la síntesis de En la vida nunca hay un último bondi. Siempre me gustaron los títulos largos, por eso Neoprene se llamó originalmente Para qué sirve un traje de neoprene; pero, francamente, no es una de mis virtudes titular. La idea de que sea una sola palabra es más mérito de Francisco Magallanes, editor de Club Hem. Me gusta la idea de que cada uno de los títulos de la trilogía esté definido en una palabra.


-En Bondi, quizá, más que en las otras novelas, trabajás con el lenguaje, con el registro del habla coloquial, del diálogo cotidiano.
 

Creo que hay una gran disputa entre escribir de manera que te entiendan dentro de muchos años y escribir como se habla en este momento, hoy. Esto último genera más empatía con los contemporáneos pero trae aparejado que, quizá, en el futuro no te entiendan, una disyuntiva que veo como una falacia porque cuando un mundo literario está bien construido, aunque no se entienda literalmente cada palabra, se comprende qué están transmitiendo culturalmente. Entonces, a la hora de elegir entre esas dos cosas, prefiero la empatía con el presente porque me resulta más divertida. A mí me gusta disfrutar de escribir, divertirme escribiendo. En Bondi me gustaba la idea de que Mariana tomara palabras que usan los jóvenes, quizá de contextos sociales distintos del de ella, que las empleara mal. Para esto le pedí ayuda al periodista Rober Mur; le dije que necesitaba diez palabras que estuvieran usando los pibes ahora en la barriada, y me pasó términos como “loro” o “causa”, y expresiones que me hicieron mucha gracia como “nos vimos en Disney”. Con todo lo que me pasó escribí papelitos y los pegué en la pared, y frente a esa pared escribí toda la novela.


-Hay una constante en la trilogía, pero que sobre todo aparece en Bondi, que es la construcción de un narrador que está muy consciente de que está narrando. Es decir, sabe que se trata de una novela y, en definitiva, de ficción. ¿Cómo explicás esta construcción?


A mí me gusta tanto escribir como leer ficciones de lo que se considera realismo, una palabra bastante bastardeada por cierto. Me gustan las ficciones que me proponen mundos donde el pacto de lectura es “esto que te cuento podría haber ocurrido”, y cuando escribo lo tengo presente. Pero esto de trasparentar el narrador, es decir, la tarea de escritura, tiene que ver con no caer en un realismo ingenuo. Me gusta, como narradora, recordarle al lector que lo que le estoy contando es un invento literario, no estoy intentando meter al mundo en mi computadora. Me parece honesto y a la vez potente transparentar que detrás hay una tarea de escritura. Además quería que quedara clara la diferencia entre la historia y el relato. Me motiva pensar que Neoprene, Bondi o Mochila son relatos sobre la historia de estos dos personajes que podrían andar por la calle.


-En bondi aparecen malos entendidos, problemas de comunicación. Y son situaciones que alimentan la trama. Pensás que este tipo de problemas de comunicación son algo palpable ahora en nuestra sociedad o creés que siempre los hubo y siempre los va a haber.


Creo que la comunicación transparente es completamente imposible; en cierto punto la comunicación es una utopía. No podemos entender todo lo que está diciendo el otro porque hay una gran cantidad de mediaciones que van desde cuestiones culturales hasta psicoanalíticas, hay muchos aspectos que hacen ruido. En el caso de Bondi, el narrador tiene la posibilidad de saber qué piensa Christian pero no qué piensa Mariana; Mariana sigue siendo una caja oscura para el narrador, para Christian e incluso para mí como escritora que creé a ese mundo. Mariana hace y dice, pero uno no termina de entender bien por qué hace lo que hace. Y ahí hay algo de la des-comunicación; Mariana me sigue resultando una incógnita y por eso es que sigo escribiendo sobre estos personajes, porque si tuviera todo resuelto sobre estos personajes no escribiría más.


-En la novela aparece también cierto malestar de época, hay un contexto social y político que influye directamente en la trama, en las acciones de los personajes. ¿Tomás estos aspectos para la trama o para dar testimonio de una realidad?


En las otras novelas me cuidé bastante de que no me pasara eso, es decir, permitirme meter cuestiones contextuales, políticas y actuales. Y me lo permití hacer ahora porque estoy más grande, supongo. No tengo miedo a que me digan que metí cosas contextuales y que a la novela eso le quita mérito literario, si es que lo tiene. Aunque en Mochila ya aparece Nahuel, el hijo de Mariana, que milita; y también hay unas tomas de colegios secundarios. Pero creo que hoy son tiempos en que uno no tiene que perder la oportunidad de decir las cosas. La sensación es que hoy es necesario decir, y creo que tenía la oportunidad a través de estos personajes.
 

 

-De alguna manera, también te hiciste eco de una situación social cuando hablaste en tu cuento “Flete” sobre la violencia de género, cuento que publicaste en 2008 en el libro “Hacia el mar”.


Sí, aunque en verdad cuando escribo no tengo muy en claro hacia dónde voy. Escribo mucho con los dedos. Incluso, en Bondi, cuando el narrador anticipa algo es porque lo ajusté después de escribir la novela, no lo tenía planificado. Si tengo una historia completamente planificada no la escribo, no le encuentro gracia a escribir una historia que conozco hacia donde va.


-Podría pensarse, entonces, que no escribirías un policial.


No, no escribiría un policial. Quizá una novela negra, sí, pero no un policial de enigma. Me aburre saber hacia dónde voy a ir. El cuento “Flete” empecé a escribirlo a partir de la relación entre los protagonistas, no tenía en claro que a la piba le había pegado el novio. Lo único que tenía era un vínculo: Carlitos, un chico de barrio, muy particular, con algunos problemas casi de maduración, que hace fletes, y tenía también a Romi, esa chica que se llevaba al mundo por delante, como una especie de líder del barrio; tenía la idea de lealtad entre esos dos personajes, sobre todo lealtad de él porque ella lo había cuidado cuando eran más chicos. Después, cuando estaban vaciando el departamento para la mudanza dije “a esta piba le pegó el novio”, lo descubrí ahí. La escritura me sorprende en el acto de escribir. Pero no se trata de una literatura panfletaria. Cuando uno escribe realismo o costumbrismo, como es mi caso, es lógico que el mundo de lo social y lo que ocurre económicamente económico se te metan por la ventana.
 

-Escribiste una (hasta ahora) trilogía y si bien cada novela cierra en sí misma pueden leerse como una continuación. ¿Qué novela te hubiese gustado que tuviera una continuación?


Uh, qué difícil. Hay algo de las cosmovisiones que construye una escritura que hace que, por ejemplo, todos los relatos de Alice Munro sean para mí una gran novela; me reencuentro con cierto sentido, con cierta sensibilidad, con cosas que de alguna manera me abrazan. En todos los libros de Alice Munro, por más que sean distintas historias y distintos personajes, hay algo que te abraza, que continúa de libro en libro. Es una cosmovisión que se repite. Con Raymond Carver me pasa lo mismo, porque todos sus cuentos condensan un mismo mundo.


-Uno siempre quiere más cuentos de Carver…


No sé, eso es algo complejo. El escritor ve que hay un momento que hay algo que quiere mostrar y dice “esto no lo voy a corregir más”. Publicar cosas que el escritor no pensó publicar es, al menos, complejo. En el laboratorio de escritura que coordino siempre digo que cuando me muera tienen que pegarle un mazazo al disco rígido de la computadora. Y me devuelven el chiste diciendo que van a vender los derechos de mis novelas para hacer una película. Esto es porque si tengo una cosa pendiente, que me encantaría, es hacer una película con mis novelas. De las tres o de alguna de las tres.


-Estás trabajando en un libro de cuentos. ¿Tenés intenciones de publicarlo el año que viene? ¿Estás buscando editor?


Tengo muchas intenciones, pero no tengo editorial. Los libros de cuentos son más complejos de publicar que las novelas. Diría que puedo sacar hasta dos libros de cuentos porque a esta altura tengo acumulados varios, que habría que laburarlos con un editor porque son muy distintos. De “Hacia el mar” (2008) para acá hay cuentos de todos estos años. Siempre estoy escribiendo. Me gusta pensarlos relatos más que cuentos. Y tiene título, se llama “Tenemos toda la vida para encontrarnos”.

 

 

 

 

 

                                     AUTOR

 

 


 

Marcos Nuñez dice que, francamente, le gusta más leer que escribir. Y sin embargo escribe. Estudió periodismo en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Vive con Natalia, su compañera desde hace 8 años, quien le hizo conocer Carmen de Patagones, el clima seco, el río, la costanera y las historias.
Algún día, cree, va a leer todos los libros que no para de acumular en su biblioteca. Hasta hace poco los leía y escribía algún comentario en las últimas páginas blancas, al final de cada libro; desde 2016 los lee y escribe reseñas en el suplemento Séptimo día, del diario El Día de La Plata. “Hay que leer a Bolaño”, dice dos por tres.
Por el cuento “Baltazar” recibió el Premio Osvaldo Soriano de Relato (Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, 2015). Escribió junto a Lucas Dal Bianco la tesis de grado “Memorias de la clandestinidad: la historia escrita en los husos”, un trabajo que reúne diez crónicas sobre el testimonio de militantes que resistieron en la clandestinidad la última dictadura cívico-militar. Publicó relatos en distintas compilaciones y no acaba nunca de corregir una novela inédita.
Nació en La Plata en 1988.

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