Qué hay detrás del mate: una campaña contra el trabajo infantil

March 16, 2018

Está reconocida como la infusión nacional desde agosto de 2013. Es, después del agua potable, la bebida más ingerida en Argentina, y una de las fuentes de ingresos más importantes de Misiones: el 60% de lo que se adquiere en el exterior y el 97% de lo que consume el país sale de esa provincia. Pero pocos se preguntan qué hay detrás de la producción de la yerba mate. Y visibilizar esto es lo que se propuso la ONG “Un sueño para Misiones” con su campaña “Me gusta el mate sin trabajo infantil”, que busca poner en foco la situación de extrema pobreza y trabajo infantil que hay en torno a la cosecha, y hacer algo para cambiarlo. Para eso, piden que se sancione una ley que certifique que los productos estén libres del trabajo de niños.

 

 

“Como consumidores no nos preguntamos qué hay detrás de lo que consumimos”, reflexiona Patricia Ocampo, coordinadora de la organización social misionera en diálogo telefónico con LA PERINOLA. “Es una infusión que nos representa a todos los argentinos, y cómo puede ser que nos represente estas injusticias”, se preguntó. “Es hasta una locura que hayan aprobado eso, nadie se sentó a pensar en cómo es la cosecha, qué es lo que iban a declarar infusión nacional”, remarcó. 

 

Los números dan cuenta de lo que representa el mate para los argentinos y la presencia de esa bebida en su cotidianidad. Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), este producto inherente a la cultura del país registró un récord de venta histórico en 2017. El año pasado, los molinos enviaron a supermercados y mayoristas del país “259.904.615 kilos de yerba mate elaborada, superando en un 3% (+ 7,7 millones de kilos) los despachos del año anterior que habían totalizado 252.143.904 kilo”, informó la organización. Además, el argentino ingiere un promedio de 100 litros anuales de mate. 

 

La campaña

 

“Me gusta el mate sin trabajo infantil” se lanzó en 2013, dos meses después de la muerte de tres menores -Fernando (13) Lucas (14) y Edgard (17)- al desbarrancarse el camión en el que se trasladaban hacia un yerbal, y en el que viajaban otros 14 niños, en Misiones. 

 

“Veíamos que en la provincia está aceptado que las familias que cosechan la yerba mate sean los más pobres. Y en esta plataforma contamos lo que estaba pasando y pedimos apoyo con las firmas al resto de la sociedad. Esa fue la primera etapa, donde encontramos que fuera de la provincia la gente desconocía el mecanismo de la cosecha de la yerba”, explica Ocampo. 

 

“Como son familias muy pobres y ganan por lo que cosechan y es a destajo, esos padres no pueden dejar a la señora y los chicos en sus casas, porque no les puede garantizarla comida. Entonces, va la mujer a ayudar a ese hombre y ya tienen que ir los chicos, que no los pueden dejar solos. Y ahí el chico empieza, ya es parte de la economía de la familia. Es lo único que conoce”, advierte además sobre cómo es el sistema. “Es una fábrica de tareferos, se garantizan que mañana cuando el papá se muera, o se lastime, los reemplace alguien de otra generación. Se garantizan la mano de obra barata”, graficó sobre el grave escenario. 
 
Después de la repercusión que tuvo la campaña, la ONG fue convocada por el Ministerio de Trabajo provincial, y se constituyó en 2014 la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti), que depende de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti).  Sin embargo, después de dos encuentros: “Veíamos que no había voluntad de la política misionera sobre este tema”. Uno de los motivos, fue la falta de estadísticas oficiales sobre trabajo infantil en la provincia y de los trabajadores de la yerba. 

 

“Manejamos números de la campaña de un estudio que hizo la Universidad de Misiones, que ya es viejo, y no se terminó tampoco por falta de recursos. Se pudo censar solo una localidad, y ahí ellos determinan que los chicos empiezan a trabajar entre los 5 y 13 años”, contó. Según ese mismo informe, el 55% de los adultos no consigue otro trabajo y solo el 60% terminó la escuela primaria. El 16% de los menores no concurrió nunca a la escuela y se dedica a el trabajo rural para ayudar a subsistir a su familia.

 

El proyecto de ley

 

La segunda etapa consistió el promover un proyecto de ley “de certificación de productos libre de trabajo infantil”, que no está limitado solo a la yerba. La propuesta es que “las universidades certifiquen que las cosechas no tengan trabajo infantil ni en negro, y ese producto tenga el logo que no tiene trabajo infantil. En el caso de la yerba, va a valer unos centavos más, que irán destinados al sueldo del trabajador”, explicó Ocampo. “Así, nosotros como ciudadanos consumidores somos mas conscientes de lo que consumimos, y la gente va a comenzar a pedir que esté certificado” el producto, añadió.

 

En ese marco, iniciaron una petición en la plataforma Change.org para sumar firmas para acompañar el proyecto. Hasta este jueves, 79.032 personas rubricaron la propuesta. 

 

 

“En 2015 lo presentamos en Diputados de la Nación, pero perdió estado parlamentario; y en 2017 lo presentó la diputada Patricia Giménez (mc), pero tiene que ser tratado en comisión este año para que no pierda estado”, advirtió. Por esto, la semana pasada viajaron a Buenos Aires para hablar con diputados para que se trate la iniciativa. “Queremos pedir a la gente que llame a los presidentes de las comisiones o mandando un mail pidiendo que esté en agenda este año”, contó. “Si no están en boca de la gente estos temas la política no los trata”, lamentó. 

 

Consultada respecto a si hoy hay alguna marca que no registre trabajo infantil en la cosecha, dijo: “No hay ninguna marca que uno pueda garantizar que no tenga trabajo infantil, ninguna. De hecho no tenes ninguna que se anime a ponerle un logo, que se lo podría poner una empresa, certificando que no tiene trabajo infantil. Sí hay unas empresas que se acercaron, no voy a dar nombres, que plantearon que quieren trabajar para solucionar el tema”.  

 

Por otro lado, la ONG promueve que se elabore un protocolo de intervención para cuando se hacen los operativos en los yerbales y así no revictimizar a los niños y adultos que trabajan allí, luego de que en uno de estos procedimientos hallaron a dos menores “y lloraban porque no sabían qué decir, según nos comentaban”. “Esa no es la forma, ese niño ya es una víctima del sistema y vas a revictimizarlo; deben saber qué hacer. Tiene que dispararse un sistema donde hay una persona preparada para encarar ese tema y contener al niño”, bregó, ya que en estos operativos “van varios organismos juntos y cada uno quiere sacar información, pero no está nada dirigido”. 

 

AUTORA


 

 

ROMINA GELROTH: Su madre siempre cuenta que, de sus cuatro hijos, fue la que aprendió primero a hablar y luego a caminar. Será el origen de su afición por las palabras, escritas o habladas. Es fanática del cine, y despuntó su amor por la fotografía: todo es digno de ser congelado con luz, especialmente las aves y los cielos. Panza verde de origen, le es imposible estar sin la compañía del mate. Adoptó La Plata hace algunos años, y ya se con-funde bien en el paisaje urbano de las diagonales y tilos. No solo en manipular vocablos en diarios digitales se van sus días: también transcurren entre costuras, telas y calzados. Improvisó un incipiente jardín en su balcón. Escribir sobre viajes, y viajar, su aspiración.

 

 

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