Pablo Pujol: “Descubrí que me pasaría lo que me queda de vida escribiendo”

June 6, 2018



Gauna es un aficionado a las caminatas nocturnas, al billar y a escribir notas en su cuaderno, muchas de las cuales ponen evidencia su cinefilia. Gauna es el protagonista de Cajas chinas (Malisia, 2017), la primera novela del autor platense Pablo Pujol. En una charla con LA PERINOLA el escritor contó cómo se gestó la trama de la novela que trascurre durante los primeros años del nuevo siglo, cuando en la Argentina imperaba la modalidad delictiva del secuestro extorsivo. Además, adelantó detalles de Eneas malherido, su segunda novela.

 



Entre 1997 y 2001 Pablo Pujol estudió cine en Estados Unidos a partir de una beca Fulbright; trabajó en cine publicitario y documental y, actualmente, sigue ganándose la vida como montajista. Aunque siempre aspiró a hacer ficción en la pantalla, los proyectos en los que trabajó durante más de 10 años nunca vieron la luz. En total, cerca de 7 u 8 guiones de cortos y largometrajes quedaron guardados en un cajón. Cierto día (“el plazo fue cumplir 50 años”) decidió dejar de intentar con el cine y los concursos para convertir esos guiones en proyectos literarios.

—¿Fue una decisión difícil?

—No, al contrario, fue un alivio. Sobre todo porque encontré una gran alegría y satisfacción en escribir literatura. Reemplacé un gran anhelo –cargado de frustración– por algo que no me frustra, porque es satisfactorio escribir, después hay que ver si publicás o no, qué dicen los lectores, pero eso es un mundo aparte. Descubrí que me pasaría lo que me queda de vida escribiendo, si tuviera de qué vivir. Yo tenía los guiones, que al fin y al cabo son unos argumentos, unos personajes y unos diálogos, aunque claro, ahí no hay literatura. Tenía esas estructuras. Y me tracé un plan, que fue empezar a escribir novelas a partir de esos guiones. El germen de Cajas chinas fue, entonces, un guión escrito para largometraje.

—¿Qué creés que ganó y perdió la historia en el pasaje de guión a novela?

—La historia cambió mucho porque desarrollé el pasado de los personajes, historias secundarias, cosas que en el guión no estaban desarrollados. En ese sentido ganó, pero es difícil hablar en términos de pérdida y ganancia porque son formas completamente distintas.

—¿De qué querías hablar cuando escribiste Cajas chinas?

—Esa historia primera tuvo dos o tres disparadores. Uno fue el contexto de secuestros extorsivos, que era una industria en esa época –escribí el guión posteriormente, entre 2006 y 2008–. Ese contexto me dio el género, el género negro; tenía también un personaje como un sindicalista corrupto, millonario. Y otro disparador fue una pregunta: ¿qué puede hacer uno con un don, con una virtud? En el caso de la novela, el protagonista es un perdedor que tiene un don, tiene visiones, y que en su vida no había hecho nada con eso.

                                                   ***


 

 

Como dice una nota al pie en la novela, entre 2000 y 2005 se denunciaron en la Argentina más de 1200 casos de secuestros extorsivos. Cada sociedad engendra sus crímenes, y la sociedad de entonces, despedazada por las políticas neoliberales de la década del 90, era el caldo de cultivo de bandas que se dedicaban a intercambiar personas por dinero.

—En Cajas chinas utilizás un recurso, quizá, más propio de un formato como el ensayo: las notas a pie de página.

—Las notas al pie resultaron polémicas (risas). Algunos pocos lectores me dijeron que les gustó, pero fueron más lo que me dijeron que no les gustó. Yo empecé a poner notas al pie por gusto, después me di cuenta que podía ser parte de un registro narrativo distinto, que utilizaba para contar cosas secundarias que, si intentaba poner en el texto principal, me parecía que sobraban. Después también pensé que esas notas al pie contribuían al formato de caja china, como desprendimientos del relato, relatos dentro del relato. Por otra parte, a medida que empecé a escribir las notas encontré que de alguna manera evocaban una forma del discurso –una forma de narrar y de leer– muy propia de la época: la época de internet, de los motores de búsqueda y despliegue de información.

—A más de un año de la publicación de la novela, ¿cómo ves hoy Cajas chinas? ¿Qué significa hoy para vos?

—Mi visión de la novela no cambió mucho. No volví a leerla completa, sí leí algunos fragmentos. Lo que sí cambió es mi relación con los lectores y con la industria editorial, un mundo nuevo para mí: tratar con editores, encontrarme con reseñas de gente que no conocía y también con lectores, porque hoy el contacto es más fácil a través de Facebook.

—¿Qué te genera ese contacto? Imagino que hablan bien de la novela…

—Nadie se va a poner en contacto para decirme algo malo, para eso no me dicen nada. Además, para eso están los amigos (risas). El contacto es una sensación rara, muy agradable.

—Las redes acercan a los lectores en un oficio como la escritura, un oficio solitario…

—Sí, el trabajo de la escritura es solitario, y yo empecé a escribir por eso. Yo vengo del cine, que es todo lo contrario. Además de haber tenido algunas frustraciones en el cine de ficción, al que nunca pude terminar de acceder, está el hecho de tener que lidiar con mucha gente y con grandes cantidades de dinero. La escritura es todo lo contrario, me encierro en mi casa y puedo escribir. Después está lo otro, la salida al mundo de la obra.

—Hace poco terminaste una nueva novela, ¿podés contar algo?

—La novela se llama Eneas malherido. Es una ficción especulativa, transcurre en un futuro cercano, de acá a 60 años; hay un sitio y una invasión a Buenos Aires, y un grupo de resistentes civiles; hago mucho eje en la épica de la resistencia. Y siguiendo la lógica de Cajas chinas, esta novela está basada en un guión de cortometraje que escribí varios años atrás. Ese fue el punto de partida, pero después desarrollé todo el universo de la novela.

—¿Qué cosa no puede faltarle a una novela?

—Una de las cosas más importantes, más allá de la trama, el argumento, los personajes, la visión de mundo (si uno no tiene nada para decir del mundo ¿para qué escribe?), además de todo eso me parece que lo más importante es la voz, una voz propia.




 

 

 

                                  AUTOR

 

 

 

Marcos Nuñez dice que, francamente, le gusta más leer que escribir. Y sin embargo escribe. Estudió periodismo en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Vive con Natalia, su compañera desde hace 8 años, quien le hizo conocer Carmen de Patagones, el clima seco, el río, la costanera y las historias.
Algún día, cree, va a leer todos los libros que no para de acumular en su biblioteca. Hasta hace poco los leía y escribía algún comentario en las últimas páginas blancas, al final de cada libro; desde 2016 los lee y escribe reseñas en el suplemento Séptimo día, del diario El Día de La Plata. “Hay que leer a Bolaño”, dice dos por tres.
Por el cuento “Baltazar” recibió el Premio Osvaldo Soriano de Relato (Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, 2015). Escribió junto a Lucas Dal Bianco la tesis de grado “Memorias de la clandestinidad: la historia escrita en los husos”, un trabajo que reúne diez crónicas sobre el testimonio de militantes que resistieron en la clandestinidad la última dictadura cívico-militar. Publicó relatos en distintas compilaciones y no acaba nunca de corregir una novela inédita. Nació en La Plata en 1988.

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