“Soy celíaco asintomático y hago dieta sin gluten de por vida”

July 19, 2018

Fabio Dana pasó más de cuatro décadas de su vida con una dieta cuya alimentación principal estaba basada en harinas. Confiesa que comía muchas pastas, pizza, galletitas. Todo con gluten y sin manifestación de síntoma alguno.

“Después de unas fiestas, estuve con un malestar pasajero y consulté a una gastroenteróloga. Ella me preguntó si tenía antecedentes de celiaquía en mi familia. Le dije que no y la miré extrañado porque, hasta ese momento, lo que sabía era que quien era celíaco no podía comer harinas porque le caían mal. Y yo me la pasaba comiendo harinas y no tenía ningún problema”, recuerda el periodista y autor del libro “Yo, celíaco”.

 

 A Fabio la doctora lo envió a hacerse un análisis de rutina, de anticuerpos por celiaquía. De esos estudios, cuenta, salieron unos valores muy altos. Luego llegó el turno de la endoscopia y biopsia intestinal que terminó de confirmar el diagnostico. “Ahí descubrí que soy celíaco asintomático. O sea, puedo comer alimentos con gluten y no tengo manifestaciones en el momento pero el daño se va produciendo por dentro”, expresa.

El único tratamiento para la celiaquía asintomática, y para cualquier otro tipo de celiaquía, es la dieta sin gluten de manera estricta y de por vida. El gluten es una proteína presente en cereales como el trigo, la cebada, el centeno y la avena principalmente, que daña las vellosidades intestinales cuando es ingerida por un celíaco. Ahora bien, que una persona con celiaquía asintomática –como es el caso de Fabio- no presente síntomas o signos externos, tales como diarreas, dolor abdominal, hinchazón, etc., no significa que su intestino no esté siendo dañado.

El principal problema de una persona con celiaquía asintomática es que si realizan transgresiones en la dieta sin gluten, no lo notarán. Es decir, si consumen por error alimentos con gluten no tendrán la sospecha de haberse contaminado porque externamente no lo notarán, aunque su intestino sí estará siendo dañado.

Lo mismo les ocurrirá cuando ingieran gluten fuera de casa a causa de la contaminación cruzada. No notarán nada y podrán caer en el error de volver a un lugar en el que no son estrictos con la dieta sin gluten.

 

 

 

En la charla con LA PERINOLA, Fabio admite que al principio le costó bastante cambiar los hábitos de la comida. “La celiaquía, también, está muy relacionada a lo social. Lo que más cuesta es a la hora de salir, de ir a comer afuera o a eventos sociales”. “En casa somos cuatro miembros de la familia y por ejemplo cuando hacemos milanesas, compramos rebozador libre de gluten y hacemos todo junto para evitar la contaminación cruzada. Pero, cuando se sale, es un tema”, indica.

En su opinión, aún hay que mejorar la cuestión de los menús libres de gluten en los restaurantes. “Lo mismo pasa con los eventos sociales que no están preparados para atender a una persona celíaca”, acota. No obstante, estima que es algo que irá mejorando. “Lo importante del evento es encontrarse con amigos, disfrutar de la salida y que el énfasis no esté puesto solo en la comida”, sugiere Fabio.

La tarea de concientizar sobre qué es la contaminación cruzada

Es importante tener presente que existe la posibilidad de que alimentos libres de gluten puedan, en algún momento, mezclarse con otros que contengan esta proteína. Al suceder esto, los alimentos dejan de ser aptos para personas celíacas.

“Nosotros no podemos comer ni trigo, ni avena, ni cebada, ni centeno pero sí podemos comer un montón de otros alimentos como carne, pollo, pescado, huevos, frutas, verduras, etc. Pero, cuando uno sale, hay que tener cuidado porque ocurre que, ante la mínima contaminación que tenga el alimento libre de gluten, ya hace mal. Y eso es difícil de cuidar en lugares donde hay harina dando vuelta”, informa Fabio.

“Por ejemplo en una parrilla si ponen a tostar un pedacito de pan y luego lo sacan y allí ponen un pedacito de carne o pollo, estos alimentos ya quedaron contaminados. Por eso es importante concientizar y que, quienes cocinen, estén preparados para atender a una persona celíaca. Algunos lo saben pero la mayoría no. Entonces se está trabajando en ello”, remarca.

 

 

“Siempre digo que está bueno que se hable todo el año de celiaquía y no solamente el 5 de mayo (día internacional del celíaco). Es importante concientizar”, puntaliza el autor de “Yo, celíaco” e indica que su libro, en parte, busca ese fin.

Aunque revela: “También fue catártico. Conté, en primera persona, mi experiencia durante esos primeros días que viví con miedo e incertidumbre por no saber con qué me iba a encontrar. Y después, de a poco, uno se da cuenta que no es para tanto. Hoy ya estoy más acostumbrado y veo las cosas de otra manera”.

Sobre cómo vivió esos primeros días donde tuvo que modificar sus hábitos de alimentación, contó: “El primer tiempo fue contradictorio. Era descubrir cosas nuevas. Probar productos diferentes, marcas de fideos distintas. El desafío pasaba por probar algo nuevo y algo rico. Pero, cuando uno está acostumbrado a toda una vida de determinados sabores y harinas, el pasarse a las otras – las premezclas de harinas de arroz, mandioca y maíz- se siente un sabor distinto. Entonces, al principio, sentí desazón. Esperaba algo mucho más rico y me encontré con otro sabor”.

Fabio admite que él antes comía muy pocas verduras. Era casi un adicto a las harinas. Sin embargo, pone el foco en un punto notorio: “Hay una falsa creencia de que, si sos celíaco, podés comer más sano. En realidad se come más sano si se ingiere pollo, carne, verduras, frutas”. “Si se hace una dieta sin harinas y sin frituras, se puede comer más sano pero siendo celíaco también podés comer tan mal como comías antes si basas tu dieta solo en las harinas”.

Respecto a su experiencia, comenta: “Reemplacé las harinas tradicionales por las libres de gluten pero sigo consumiendo harinas. Incluso los productos panificados sin gluten, justamente por no tener TACC, le ponen más grasa o más manteca para que la masa quede más uniforme y al final uno termina comiendo igual o peor que antes. Por eso está bueno hacer una dieta equilibrada”.

Por otro lado, aclara cómo controla su salud: “Cuando me hago los análisis de rutina, piden los anticuerpos por celiaquía y ahí, si uno está haciendo la dieta como corresponde, éstos darán resultado negativo. Pero esto no quiere decir que uno pueda comenzar a darse el gusto de un permitido cada tanto con harinas comunes. La dieta sin TACC tiene que ser de por vida porque la mínima ingesta de gluten, hace mal. Al principio puede costar pero después uno se adapta y se puede tener una vida plena y sana como cualquier otra persona”.

 

 


¿Qué pasa con el bolsillo de los celíacos?

Uno de los temas que más preocupa a los celíacos es el costo de los alimentos libres de gluten. Fabio opina que “el Estado debería intervenir en este tema, controlar, entregar subsidio. No sé cómo se puede implementar pero los precios son caros”.

En ese marco, explica que un paquete de fideos vale 25 o 30 pesos con gluten y vale 100 sin gluten. “El kilo de harina con gluten sale 20 o 25 pesos y una premezcla sin TACC sale 100 pesos. Y a partir de ahí, los panificados que usamos nosotros son mucho más caros”.



 

 

                          AUTORA

 

 

 

 

SOLEDAD CASTELLANO dibujó y pintó una decena de cuadros de estilo arte pop cuando pasó los primeros meses de duelo tras la muerte de su mamá. Encontró en los colores fuertes y diversos un canal para descarga de energía. ‘El arte va de la mano de la resiliencia’, afirma la Licenciada en Comunicación Social y Locutora platense, graduada en ambas carreras en la UNLP. En 2015 publicó "Farfalla", su primera novela (de Editorial Malisia) donde narra la vida de cuatro mujeres nacidas en el siglo XX.  Por "Del baile al café" obtuvo una mención en el Concurso Osvaldo Soriano de Relato breve. Trabaja en prensa gráfica y radial.
Se declara amante del teatro tanto como del circo pero confiesa que suele aburrirse con las películas que ‘no la enganchan de una’. Cuenta que disfruta jugar con sus mascotas al igual que ver crecer los inciensos que plantó en una decena de latas de duraznos.
En lo profesional, sueña ahondar en el área de comunicación y salud. E incursionar en el terreno de las crónicas.


 

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