Emilio Pernas: el día que el librero devino poeta

July 22, 2018

Uno de los rasgos de carácter de Emilio Pernas, dueño de la mítica librería “Libraco”, de La Plata, era su humor. Lo dispensaba hacia casi todos los órdenes de la vida, pero no era   malicioso exactamente. O no lo era de modo arbitrario, en todo caso. Más bien se trataba de un humor lúcido, agudo y observar de las costumbres. Sobre todo: devastador con la hipocresía y la beatería.

 

 

 

Lo conocí en 1989, año en que entré a trabajar en su negocio. Primero en el local de las calles 6 esq. 45 y luego en uno más pequeño  al que se mudó, en 48 entre 8 y 9, cuando ya la librería entró en una pendiente hasta languidecer y por fin cerrar. Luego Emilio se consagró a tareas de gestión cultural en el Pasaje “Dardo Rocha”, invitando a poetas de la talla de Saúl Yurkievich y Arnaldo Calveyra (ambos radicados en Francia) o al cineasta Eduardo Mignogna, entre otros.  

 

Muchos se han referido al Emilio librero y yo quisiera esta vez dar un paso más allá y dirigir mi mirada hacia un costado que me parece no sé si más atractivo pero por lo menos distinto del habitual. Y es el de poeta.  

 

Emilio escribió un libro secreto (en verdad dos) que atesoro: “Enverso”, de 2003. Fallecería  en 2005, en un hospital, me entero que sin saber muy bien de qué. Como permiten constatarlo las fechas, su muerte fue muy cercana a la edición del poemario, un material que él por lo visto jamás se tomó demasiado en serio y hasta cuyas virtudes atribuyó a otros que lo asistieron a la hora de publicarlo, o acaso a los consejos de los lectores de sus inéditos. Pablo Viola fue uno de ellos, quien prologó “Enverso”. Y lo hizo con inteligencia pero sin academicismos, como si hubiera respetado hasta sus últimas consecuencias el espíritu y la voluntad de Emilio.

 

El libro, que acabo de leer después de muchos años de haber estado guardado en mi biblioteca, acusa varios matices. Del festivo  talante o la poesía de índole política que evoca sin lugar a dudas ecos de ciertos libros de Raúl González Tuñón (entre los argentinos) hasta otros de naturaleza melancólica, por no decir abiertamente triste. Para llegar a aquellos que claman de modo desgarrador por una ausencia familiar en su vida que jamás pudo reparar, como es natural: la de una  hija desaparecida por la dictadura, dato que él no encubre ni se disipa en el libro sino, por el contrario, acentúa algunas de sus aristas más polémicas. A partir de esa pérdida se experimenta un vacío, y es probable que de allí surgiera la necesidad de nombrarlo o de colmarlo con palabras y evocaciones. Esto es: que esa ausencia echara a andar un dispositivo que desatara procesos creativos comprometiendo fuertemente la variable emocional.

 

 

 

Pese a ello, el libro, como dije, acusa notables matices. Un profundo amor por las mujeres, el sabor del erotismo y también una pasión:  el vino, que como un leitmotiv regresa una y otra vez, no estrictamente como protagonista, pero sí como compañero. Como quien dice, un amigo de aventuras o de correrías.

 

Dentro de esa melancolía por ausencia a la que ya aludí hay sin embargo, curiosamente, el hallazgo de insospechados y renovados sentidos para la vida. ¿Quién escribiría, de otro modo, versos como estos?:

 

“Más allá –y más acá- de la muerte,

de la injusta muerte de un ser querido

otro ser querido  precisa de nosotros

y eso inaugura el tiempo de no llorar”.

 

(fragmento del poema “Más allá”).

 

De modo que las ausencias por arrebatamiento de ser querido que producen estragos no llegan a desbaratar al sujeto. Por el contrario, resignifican para Emilio (al menos en su lírica) presencias tan primordiales al punto de ser dadoras del fundamento necesario para acompañar y asistir a quienes prosiguen el camino de la vida de modo indetenible. Y que requieren de su sostén. Es esta ética del cuidado la que evidentemente sitúa a Emilio Pernas en un universo en el que está en condiciones de tomar distancia (incluso por necesidad) del dolor, y de regresar a un presente que grita en muchos sitios.

 

Me gustaría reproducir un poema de Emilio que  pareciera no estar exactamente a tono con estos climas a los que vengo haciendo referencia. Se titula “¿A qué llamas tú amor?” y dice lo siguiente:

 

“Amor es el del agua con el agua

que se busca atravesando declives y estados,

se transforma,

corre, salta, se serena

hasta encontrar su igual

y hacer el horizonte”   

 

Esa sustancia tan maleable como elemental, tan ricamente falta de forma y que se amolda a varios estados y objetos o continentes, tal vez sea la metáfora más perfecta para iluminar el rasgo que nutrió de modo dinámico la vida de Emilio: su plasticidad para plasmar desde un verso político hasta otro claramente nostálgico o dichoso munido de la palabra que cunde abriéndose camino por múltiples sendas. Porque en este libro es perceptible una lírica combativa acompañada de otra de variante intimista sin mediar demasiadas transiciones. Entre ambas, por supuesto que Emilio Pernas se permite trazar otros dibujos. Las referencias a la naturaleza son una de ellas.

 

En una suerte de Prólogo escribe Emilio respecto de la distancia entre sus notas de opinión política que publicaba en  periódicos y estos versos que consideraba, como es obvio, de otra índole: “Se extraña, se llora, se protesta desde la intimidad liberada hacia el mundo exterior. Lo que así se escribe puede no ser una obra de arte, pero seguramente será testimonial”.

 

Como vemos, la poética de Emilio Pernas no tiene pretensiones de jerarquía estética (en principio al menos), sino como texto con contenido explícito desde la vida más privada proyectándose hacia la esfera pública con la urgencia y la intención claras de incidir en el orden de lo real y, al mismo tiempo, de dar cuenta del modo en que esa realidad en sus aristas más complejas incide en el sujeto. Frente a los estímulos que afectan al yo lírico, desde ese exterior  (en ocasiones hostil o crudamente ilegítimo) la respuesta es un poema cargado de voltaje vital. De modo que la escritura se juega en una arena que no es necesariamente la de la invención en su estado más puro. Busca menos el preciosismo del poeta que corrige hasta la obsesión que la posibilidad que brinda el lenguaje de ser vehículo de los estados que afronta producto del choque con el mundo. Y, sobre todo, de ser vehículo de ideas.

 

Como paratexto del libro Emilio aclara que “Enverso” es un extracto de otro libro que realizara de modo artesanal un poeta amigo, tempranamente fallecido, y que llegué a conocer bien: Pablo Ohde. Ese libro se había titulado “Algo que decir”. De modo que en tanto que desprendimiento del anterior, “Enverso” no obstante recobra una identidad que le es inherente. Porque toda acción selectiva (toda antología, quiero decir) constituye, desde el vamos, la delimitación de una poética y la exploración de un territorio. No el mero recorte de un corpus. Motivo por el cual reclama para sí el estatuto de una operación de rango también igualmente poético.

 

Tengo para mí que Emilio escribía su poesía de modo clandestino y muy esporádico, probablemente secreto. En  las antípodas de un escritor profesional, se consagraba a ella en el momento en que por demanda de circunstancia o bien de necesidad lo sintiera como imprescindible. Y que publicó gracias al impulso insistente de un fiel círculo de amigos entusiastas que lo quisieron. Y que lo quisieron mucho. Esto no hace sino confirmarlo en una de las dimensiones más vitales que no mencioné en mi descripción de su silueta pero que resulta crucial: su culto por la amistad y la camaradería.

 

Una obra del pintor (también amigo de Emilio) Hugo Souvielle nuevamente viene a ratificar este cónclave confraterno de invitados a la fiesta del libro para ilustrar su portada.  De modo que todo el poemario puede ser contemplado a la luz de la colaboración y el impulso de quienes efectivamente quería que asumiera su condición de autor y editara su producción. Que no quedara confinada en un cajón sino que circulara tan vitalmente como esas amistades que,  seguramente, lo habían leído en la intimidad de su casa y aspiraban a que otros lo leyeran.

 

Sí  Emilio quería, como de hecho así lo es, que “Enverso” fuera un testimonio, lo logró sin lugar a dudas. Quienes podemos leerlo de cerca lo advertimos en su estampa de cuerpo entero y quienes lo hagan de manera más distante, apreciarán en cambio ya desde los paratextos iniciales hasta los poemas propiamente dichos las facciones nítidas de un sujeto que no permaneció ajeno ni al amor, ni a los vínculos, ni a los festines ni menos aún la política, con la cual, su destino estuvo entretejido de un modo, me atrevería a decir, radical.

 

Postal también de un tiempo de la ciudad de La Plata o, mejor, de una cierta temporalidad de ella con la que el decurso de ese tiempo ha arrasado, el retrato de Emilio se completa con un planisferio que marca las coordenadas geométricas en las que transcurre su vida: su amor por la ciudad. Porque La Plata fue su patria, no su ciudad. Y en ese mapamundi La Plata se vuelve el eje centrípeto a partir del cual él supo irradiar bajo la figura de su persona convocante una serie de eventos culturales de los que participaron artistas que fueron notables para comprender buena parte de la Historia cultural de nuestra ciudad.

 

Sin poder permanecer ni neutral ni indiferente a la historia menuda ni a la Historia de los grandes acontecimientos que deciden los destinos de los hombres, Emilio Pernas asesta un golpe maestro con este  libro a varias zonas conflictivas de las tramas de nuestro país y a otros conflictos de su identidad o de la de sus seres queridos que por ella se vieron afectados. Testimonio entonces de la intimidad, confirmando su decisión, este libro se proyecta hacia zonas inescrutables de la experiencia política y social, colándose entre los intersticios del sentido. El librero, de una  vez por todas, ha devenido escritor.

 

 

 

AUTOR

 

 

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, es escritor y crítico literario. Ha publicado los libros Verse (relatos, 2000) y Cantares (poesía, 2005). En carácter de editor Obra crítica de Gustavo Vulcano (2005), la antología Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura (narrativa breve, 2015). Su libro más reciente es Sigilosas. Entrevistas a escritoras argentinas contemporáneas (2017). Ha editado trabajos de su especialidad en Europa, EE.UU., Israel y América Latina.

 

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