“El idioma de los Incas no tiene nada que envidiar al inglés”

August 3, 2018

Que sobreviva una lengua implica que subsista un modo de vivir y de entender el mundo, una cultura. En la era del smartphone y el creciente uso de emojis en reemplazo de la palabra escrita, puede pasar desapercibido que en nuestro planeta se hablan más de 6.000 lenguas. Sólo en América hay un universo de unos 1000 idiomas que conviven, la mayoría autóctonos y milenarios. Uno de ellos es el comúnmente llamado Quechua, aunque propiamente denominado “Runaq simin”. Según la Unesco, la lengua de los Incas figura en la lista de los 2.465 idiomas en peligro de extinción en el mundo.

 

La manera de perdure una lengua es a través de la enseñanza. Y es lo que promueve desde la Filial Berisso – La Plata la Academia Mayor de la Lengua Quechua de Cuzco. Dictado por el profesor Mario Aucca Rayme, el próximo 7 de agosto iniciará el curso de extensión de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo “Lengua Quechua”. La misma entidad, pero a través de otras docentes, dictará los talleres de “Cerámica con técnicas aborígenes” y “Plantas Medicinales”.

Foto Gentileza Lengua Quechua.

 

Para conocer más sobre la lengua de los Incas, LA PERINOLA charló con Mario Aucca Rayme. Nacido en Cuzco, Perú, llegó ya hace varios años a Argentina, y hace casi 30 que difunde, desde diferentes universidades y centros culturales, el idioma de una de las grandes civilizaciones del continente americano. No obstante, enarbola como institución madre a la Academia Mayor, hasta donde pueden acercarse quienes quieren avanzar en los ciclos de enseñanza.

 

“Antes era prohibido el uso de las palabras (del Quechua), en la época de los militares. No se podía hablar el idioma de los Incas”, recordó sobre la época en que llegó al país.

 

Contó que una de las características de la lengua es que es “onomatopéyica”, y que en el curso: “Intentamos compartir a través del idioma la cosmovisión. Quien quiera aprender una lengua tiene que aprender su cosmovisión”. Como dato sorprendente, señaló que en esta lengua “se puede escribir hasta con 36 sílabas”.

 

“Muchos hermanos y hermanas tienen interés en aprender esta lengua”, destacó. Y contó: “Partimos con qué conceptos culturalmente cada uno de nosotros podemos aprender a rescatar nuestra identidad cultural definida, porque, según mi opinión, no tenemos en la provincia de Buenos Aires una identidad cultural definida. Por eso es que muchas personas, por ejemplo, se olvidan o ni siquiera conocen qué hermanos o culturas vivían hace más de 400 años aquí en la ribera del Río de la Plata”.

 

 Foto Gentileza: Lengua Quechua.

 

“Tratamos de hacer recordar, a través del idioma, esos conceptos. En la historia podemos ver, por ejemplo, que el acta de la Independencia estaba redactado tanto en castellano como en el idioma de los Incas, el Quechua, y también en el Martín Fierro hay muchas palabras de este idioma”, remarcó, sobre el valor que tenía esta lengua en esas épocas históricas.

 

En ese punto, explicó sobre la denominación Quechua: “Es una palabra que se popularizó, pero es inventada, y así se conoce hasta hoy al idioma de los Incas. Pero éste se llamó, se llama y se llamará `Runaq simin´, que traducido al castellano significa `la lengua del hombre´".

 

El profesor remarcó la “repercusión” que tiene esta lengua y el interés que hay en aprenderla, y acotó: “No le tiene que envidiar nada al inglés, o al sánscrito, ni a ningún idioma de la faz de la tierra”. “Está emparentado, además, con el idioma Aymara, o sea que si yo hablo el idioma de los Incas el hermano que habla Aymara me va a entender el 50 por ciento. Lo mismo si yo escucho a un hermano Aymara”.

 

 

 

Sobre el curso que comenzará en la Facultad, detalló: “Estamos invitando que se acerquen a aprender, es un cuatrimestre. Lleva varios años poder aprender un idioma, aquí damos la primera base. Y los ciclos avanzados los hacemos en el Centro que tenemos en Berisso”.

 

 

 

AUTORA

 


 

 

ROMINA GELROTH: Su madre siempre cuenta que, de sus cuatro hijos, fue la que aprendió primero a hablar y luego a caminar. Será el origen de su afición por las palabras, escritas o habladas. Es fanática del cine, y despuntó su amor por la fotografía: todo es digno de ser congelado con luz, especialmente las aves y los cielos. Panza verde de origen, le es imposible estar sin la compañía del mate. Adoptó La Plata hace algunos años, y ya se con-funde bien en el paisaje urbano de las diagonales y tilos. No solo en manipular vocablos en diarios digitales se van sus días: también transcurren entre costuras, telas y calzados. Improvisó un incipiente jardín en su balcón. Escribir sobre viajes, y viajar, su aspiración.

 

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