Simone de Beauvoir: una intelectual pública

August 8, 2018

Me parece que este tiempo histórico de 2018 es singularmente adecuado, dadas las circunstancias de público conocimiento por las que están atravesando las mujeres por la conquista de sus derechos, la visibilización del sexismo y la de un pasado de atrocidades para realizar un balance de la obra tanto ensayística como literaria de Simone de Beauvoir (1908-1986). Una intelectual que constituye el paradigma de su sexo que se negó a admitir mandatos de clase y de roles de género, abrazó la causa de la libertad, dejando un testimonio combativo de su vida y de su época.

 

Narraré también algún fugaz capítulo de mi vida en relación con su obra porque puede resultar iluminador y reconstruir parcialmente la recepción de su obra en nuestro país a través de  políticas de edición y traducción.  
    

En efecto, desde aquella mítica primera lectura de Memorias de una joven formal (1958) el primer volumen demoledor de su saga autobiográfica (regalo de un librero amigo, también por azar), que leí a los 19 años me sumí en una suerte de gran rastreo de su material, por un lado agotado (las publicaciones abundantes y completas de su obra traducida datan de entre las décadas del ’50 a la del ’70, si bien se conocen reediciones de algunos de sus clásicos). Suelen verse en librerías hoy en día el ya citado Memorias de una joven formal, las novelas La invitada y Los mandarines (novela con  la cual ganó el  prestigioso  premio Goncourt en 1954) y su conocido ensayo El segundo sexo, piedra angular de su producción. Este último ha conocido muchas reediciones homenaje con motivo de fechas conmemorativas.  
    

Precisamente, es conocida (y reconocida) por este extenso ensayo que data de  1949, publicado originariamente en dos tomos (ahora sólo en uno), que aborda, en cada uno de ellos respectivamente “Los hechos y los mitos” y “La experiencia vivida” (tales sus subtítulos). Es un libro precursor y apasionante por muchos motivos. Uno de ellos, es el modo como revisa, en primer lugar, los datos de la biología, que alienan a la mujer en su cuerpo. Experimenta menstruaciones dolorosas que le provocan cambios hormonales con cambios en sus estados de ánimo y partos dolorosos que también tienen repercusiones sustantivas en su vida. Por otra parte, una mujer tiene las dos terceras partes de la fuerza corporal de un varón, lo que explica muchas cosas de nuestra Historia y del presente.

 

Por otro lado, Simone de Beauvoir pasa revista a una serie de disciplinas o corrientes de pensamiento y el modo en que ellas han abordado históricamente la condición femenina, estudiado y operado sobre ella. Elabora una contundente y fundamentada crítica a las mismas, del psicoanálisis, al materialismo histórico y también cómo en cierta ficción es posible detectar construcciones estereotípicas en torno de la femineidad que la cristalizan en lugares comunes pasivos o subalternos. La segunda parte del tratado desde el punto de vista de las mujeres (siempre concebidas, según sus palabras, como “lo Otro” inesencial en relación al varón, sin reciprocidad) se focaliza en cómo en el marco de la cultura patriarcal ella tiene normativamente asignados determinados atributos y roles que resultan trampas culturales. Las describe, reproduce o narra testimonios y etapas vitales. Las pone en cuestión con el objeto de contextualizarlas, desmantelarlas y desnaturalizarlas. Hasta aquí El segundo sexo, en una versión  excesivamente somera, es cierto. Por otra parte, no es mi intención reducir los aportes de Simone de Beauvoir, como veremos, a los realizados al feminismo sino que centraré mis objetivos en reconstruir de qué modo en tanto que intelectual logró pensar y actuar sobre problemas de su tiempo o del pasado sobre los cuales ninguna otra mujer lo había  hecho. No obstante, antes de abandonar El segundo sexo, me gustaría detenerme, eso sí, en una frase del libro que haría correr ríos de tinta y que daría pie a acuñar hacia la década del ’70 la noción de “género”: “mujer no se nace, se deviene”. Esto es: el ser mujer no es un dato de la biología (o no sólo biológico) sino cultural. Así, Simone de Beauvoir abría las puertas a un insospechado  campo de estudios que abordaría el modo como en los datos de la biología se inscribe la cultura, desde perspectivas sociales, económicas y políticas. El segundo sexo es considerado el libro feminista más influyente del siglo  XX.
    

Fue la primera mujer diplomada en toda Francia en la Sorbona en Filosofía con las más altas calificaciones, circunstancia que la sitúan a la avanzada de una educación de privilegio que, al mismo tiempo, sería precursora para las siguientes generaciones. En efecto, incursionaba en un coto vedado para ellas como la Filosofía, punto sobre el cual casi no se conocían antecedentes. Es cierto. Esa vocación se vio luego desplazada hacia la literatura, a partir de la publicación de la primera de sus novelas, La invitada, de 1943, que tuvo una gran resonancia en su país y le permitió dejar de ejercer como profesora en liceos para consagrarse plenamente a la escritura de ficciones y ensayos.

 


    

Hay un punto que ha sido ocasión de debates entre los y las especialistas en su obra. Están quienes sostienen que Simone de Beauvoir fue sólo una ensayista, al estilo de Montaigne, pero no una creadora de sistemas filosóficos (de hecho cuando suele acudir a referencias sistemas filosóficos suele decir que “adhiere a la filosofía existencialista de Sartre”, y lo cita con suma frecuencia). La experta española en su obra Teresa López Pardina, reivindica no obstante el carácter de filósofa para Simone de Beauvoir. Fundamenta esta tesis en la escritura de algunos de sus libros consagrados a esa disciplina (en especial a la ética, dos de ellos) y en algunos aspectos en los que esta autora toma distancia de posiciones de Sartre respecto de puntos de vista concernientes, precisamente, a la filosofía. Uno de ellos es la noción de “situación”, que para Sartre reviste un carácter absoluto e irreductible, nada puede condicionarla. En tanto Simone de Beauvoir la relativiza y sostiene que la situación es más ventajosa para ciertas personas que para otras (y para un sexo que para el otro). Pone el ejemplo de la esclava en el harén.  
    

En cualquier caso, otro de los puntos cruciales de su producción, como lo adelanté, lo constituyó  su saga autobiográfica. Los libros que la integran fueron traducidos al español (en especial por la escritora argentina Silvina Bullrich) como Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas y Final de cuentas  (en este orden y con esos títulos). Por otra parte, Simone de Beuavoir dedicó buena parte de su vida a narrar ficciones, a trazar ciertas interpretaciones en torno (por lo general) de temas polémicos y a recapitular su experiencia vital a través de diarios y epistolarios que luego fueron publicados (tanto en vida como en forma póstuma). También lo hizo a través de libros testimoniales, como uno, que adopta la forma de diario, a EE.UU., luego de un viaje de cuatro meses en el que denuncia la discriminación, el racismo y las injusticias producto del capitalismo salvaje que reina allí. También escribió otro sobre China.
    

Por supuesto que la política ocupa un lugar capital dentro de su vida y su producción (quizás en desmedro de  la estética), al igual que en la de Sartre y en la de Camus. Fueron escritores que no concibieron la experiencia literaria al margen de esa dimensión. Se comprometieron con los grandes acontecimientos de su tiempo (particularmente convulsionados) y escribieron tanto libros como artículos en revistas y semanarios sobre temas coyunturales, participaron en protestas y firmaron solicitadas. Sartre y Simone de Beuavoir fundaron la revista Les temps modernes, en la que se publicaban  notas sobre la actualidad más candentes además de otras de carácter específico de su materia. Todas estas fueron formas de intervención en la esfera pública. Pero esencialmente tomaron partido por posiciones que se opusieron al pensamiento de derecha y se consideraron, en un sentido amplio, intelectuales de izquierda, según las peculiares inflexiones que iba adoptando ese pensamiento a lo largo de su tiempo. Sufrieron también varias decepciones.
    

Como dije, pese que suele afirmarse que no fue filósofa, de los ensayos de Simone de Beauvoir pueden inferirse premisas de esa índole y se sirve de herramientas de esa disciplina para realizar análisis de distintos fenómenos. Por ejemplo, una obra temprana, pero traducida por Juan José Sebreli como Para qué la acción, de 1944, propone y problematiza algunas hipótesis en torno de la moral desde la filosofía sartreana (no postulada nunca por Sartre). En efecto, Simone de Beauvoir confronta aquí dos actitudes opuestas: la de quien afronta desafíos y la de quien, se pregunta si la acción tiene un sentido porque la pasividad es más cómoda y confortable. ¿Qué sentido tiene arriesgarse a una vida peligrosa si es incierta? Mejor preferir la seguridad y el abrigo de la credulidad. Esto constituye, en  términos de Simone de Beauvoir, una falta moral, porque ese hacer tiene un sentido moral afirmativo de la identidad. Es lo que, desde la posibilidad de elegir y desde la posibilidad de construir un proyecto nos convierte en seres libres. Asimismo, en este ensayo pone en evidencia algo que ya Sartre había establecido: la existencia precede a la esencia. Somos lo que hacemos con nuestras vidas. Nuestras vidas no están escritas. No podemos acudir a coartadas. Somos responsables de nuestras acciones, que determinarán quiénes seremos frente a nosotros y frente al prójimo.
    

Simone de Beauvoir tiene notables ensayos en torno de temas estrictamente vinculados a la literatura. Uno sobre el Marqués de Sade, autor particularmente urticante en la cultura francesa y considerado maldito. Pero también otros ensayos, de carácter político o filosófico: sobre el pensamiento político de la derecha, otro sobre una polémica que tuvo lugar entre Sartre y el filósofo Mearleau Ponty (también un libro de orden filosófico) y uno, ambicioso, escrito hacia el final de su vida: La vejez (1970). Aborda aquí esa etapa de la vida desde el abandono y el destrato de que son objeto por parte de la sociedad que entroniza ideales de juventud en desmedro de quienes se considera descartables porque resultan improductivos y que han involucionado.    
    

He leído en francés, sin ser un experto en ese idioma, El segundo sexo y Una muerte muy dulce, (una obra testimonial y autobiográfica breve sobre la muerte de su madre de 1964) además de algunas cartas y advierto una prosa directa, ágil, expositivamente clara  (al igual que toda su literatura). Si bien sus libros no tienen el  pensamiento refinado de otros pensadores (como Roland Barthes, por ejemplo, quien, no obstante, reconoció en ambos el mérito de “haber sacado la filosofía a la calle”) reconozco en ella, por un lado, una singular lucidez en torno de asuntos descuidados, prohibidos o perturbadores para el statu quo cultural. Por último, una clase de asedio de esos temas que acentúa esos rasgos revulsivos. Insiste en ellos. Regresando a su lectura del Marqués del Sade, si bien no se trata de una mirada contemporizadora, sí es radical y aborda a fondo el legado de este autor en sus aristas  contradictorias. Contra todo lo que podría suponerse, su balance es positivo por un lado, en tanto se revela como cuestionador de las convenciones de la moral burguesa, lo que lo estigmatiza. Pero retrógrado debido a la ausencia de un proyecto, esto es, de propuestas revolucionarias para la libertad colectiva. La de Sade (si es que puede hablarse de  algo parecido) consiste en narrar la existencia de los libertinos, lo que resulta tan  transgresor como egoísta, hedonista e individualista.
   

Si tuviera que recapitular el legado de Simone de Beauvoir, diría que por un lado,  se proyecta hacia el interior de  la cultura cultura literaria y la del  pensamiento, dejando una obra notable. Y, por otro, encarna la figura de una intelectual pública que eligió ser una inconformista, se atrevió con audacia a ser libre y eligió no la vida como destino sino una vida que, desde la acción y la elección, definiera su esencia y su existencia.      

 

 

 

 

 

                                AUTOR

 

 

 

 

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, es escritor y crítico literario. Ha publicado los libros Verse (relatos, 2000) y Cantares (poesía, 2005). En carácter de editor Obra crítica de Gustavo Vulcano (2005), la antología Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura (narrativa breve, 2015). Su libro más reciente es Sigilosas. Entrevistas a escritoras argentinas contemporáneas (2017). Ha editado trabajos de su especialidad en Europa, EE.UU., Israel y América Latina.



 

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