“Son mujeres que transitaron un cáncer de mama y reman juntas un mismo bote”

October 1, 2018

Aunque ya acuñaba el título de Licenciada en Psicopedagogía, fue a sus 40 años cuando una prueba la graduó como “remadora” de la vida. Corría el año 2012 cuando Lía A. Del Prado, mediante un autoexamen, encontró en su mama “algo que molestaba, ardía y picaba”. Enseguida fue a una consulta y “resultó ser cáncer”. Luego llegó el tiempo del quirófano, el tratamiento, la quimio y los rayos.

Fue en el 2013, cuando en pleno tratamiento, le llegó una propuesta desde Canadá: Armar en Argentina un grupo de remo de sobrevivientes de cáncer de mama. No lo dudó y creó Remeras Rosas, el primer equipo de América latina.

Lía asegura que el cáncer le cambió la percepción sobre sí misma. “En este buceo de emociones que una va pasando desde el diagnostico, la cirugía, el tratamiento, la distorsión de la imagen corporal, los miedos, las angustias, el pelo que se cae, las cicatrices, los cambios en el cuerpo; se aprende a tener una visión diferente de una misma y del mundo que rodea. Abre la cabeza. Enseña a priorizar las cosas simples de la vida: El valor del día a día”, narra ante LA PERINOLA.

Remarca que la prevención temprana hace a la enorme probabilidad de cura. “La OMS –Organización Mundial de la Salud- dice que 1 de cada 8 mujeres contraerá un cáncer de mama en su vida. La detección precoz y el tratamiento adecuado hace a una mayor probabilidad de supervivencia y alto grado de cura. El 95% de los casos detectados a tiempo son curables”.

En base a su experiencia, enseña que hay que prestarle atención al cuerpo y no tener miedo cuando se encuentra algo. Además, recomienda “las personas que nunca tuvieron ni tienen nada, deben hacerse los controles clínicos y ginecológicos anuales. No hay que colgarse con el cuidado de la salud”. “Se entiende que las obligaciones del trabajo, la familia, la falta de tiempo, la falta de recursos económicos hace que no lo hagamos pero pensando en los sectores más vulnerables es donde más tenemos que concientizar porque si bien los profesionales de nuestra salud pública son excelentes, el sistema está colapsado y dan turnos a seis o siete meses. Y no es lo mismo llegar a la consulta sana que llegar en un estadio tardío”.

 

 


Lía siente que no se trata solamente de remarla en la vida sino en la enfermedad, en el tratamiento, en lo emocional y ante la mirada social. En este punto hace hincapié “se estigmatiza mucho la palabra cáncer, da miedo. Los medios aún hablan de ‘larga y penosa enfermedad’. Y lo primero que hay que hacer, para concientizar y perderle el miedo, es ponerle el nombre a esto que nos pasa: Es cáncer”. Entiende que al perderle miedo al nombre, se empieza a concientizar sobre la importancia de la salud.

Sobre el trabajo de “Remeras Rosas”, comenta: “En estos cinco años hemos hecho muchísimas cosas, tratamos de concientizar en base a la propia experiencia durante los 365 días del año. Creamos la Asociación Civil Dragones Rosa La Plata para darle un marco administrativo y para poder comprar el bote”.

En el plano deportivo y sanitario, sostiene que remar es beneficioso. “Según el estudio médico del doctor McKenzy -que lo hizo en Canadá hace más de veinte años- el remo en bote dragón es importante para la recuperación del torso superior, musculatura, movimiento del brazo y de la zona operada en mujeres mastectomisadas. Además es una forma de volver a conectar con la vida porque es una actividad al aire libre, beneficioso en todos los aspectos. Es muy significativo esto de remarla”.

“Nosotras somos el primer equipo federados internacionalmente en Latinoamérica. Hoy Argentina tiene ya muchísimos equipos en varias provincias y se siguen sumando. Son veinte mujeres que transitaron un cáncer de mama, remando juntas en un mismo bote. Este año, en Florencia –Italia- se hizo un encuentro mundial de mujeres sobrevivientes donde hubo más de 240 países, más de 4 mil mujeres estuvieron compitiendo, remando, divirtiéndose y mostrándole al mundo entero que después del cáncer hay una vida que es plena”, destaca.

 

 


Lía cuenta que en su familia hay antecedes de cáncer de mama. “Por parte materna, mi abuela tuvo cáncer con detección temprana. Falleció a los 91 años de otras cosas propias de la edad, no de cáncer. Y mi tía paterna también tuvo, pero con una detección tardía que no pudo superar”.

En la charla, cuenta que, en el 2013 le hicieron  una cuadrantectomía. Pero, este año, tuvo una nueva intervención. “En enero, una tarde vuelvo del río y me encontré un bulto en la misma mama. Fui corriendo al oncólogo. Los pasos siguientes fueron consulta, ecografía, era algo raro. Luego biopsia y ahí se determinó un nuevo tumor, no metastasico. No tenía nada que ver con el cáncer anterior. Es como si nunca hubiera tenido un cáncer y éste era uno nuevo, más agresivo e invasor. Enseguida entré a quirófano, me hicieron mastectomía radical de la mama derecha y volví al tratamiento de quimioterapia y acá estoy”, cuenta.

“Las dos veces que me pasó tuve la fortuna de estar acompañada y contenida por mi familia, amigos, amigas. Tuve una red de sostén emocional muy grande. Siempre hice terapia con una psico-oncóloga. Es muy importante la contención terapéutica. Y, en esta segunda vez, también tuve la contención de todas las mujeres que he ido conociendo a lo largo de estos cinco años, que hemos cursado un cáncer de mama”.

Lía afirma que esta vez no sintió la soledad de la enfermedad ni del tratamiento como la primera. “La contención es muy importante. Esta segunda vez también me desestructuró mucho pero la contención es fundamental”, indica.

Resiliente, empática y remadora, esta mujer deja un mensaje para otras tantas que están pasando por lo mismo: “No estamos solas, nunca bajen los brazos, nunca dejen de luchar. El camino es largo y sinuoso, pero en ese trayecto cosas maravillosas nos sorprenden y nos vuelven resilientemente fuertes”.

 

 

 

 

 

 

                                    AUTORA

 

 


 

 

SOLEDAD CASTELLANO dibujó y pintó una decena de cuadros de estilo arte pop cuando pasó los primeros meses de duelo tras la muerte de su mamá. Encontró en los colores fuertes y diversos un canal para descarga de energía. ‘El arte va de la mano de la resiliencia’, afirma la Licenciada en Comunicación Social y Locutora platense, graduada en ambas carreras en la UNLP. En 2015 publicó "Farfalla", su primera novela (de Editorial Malisia) donde narra la vida de cuatro mujeres nacidas en el siglo XX.  Por "Del baile al café" obtuvo una mención en el Concurso Osvaldo Soriano de Relato breve. Trabaja en prensa gráfica y radial.
Se declara amante del teatro tanto como del circo pero confiesa que suele aburrirse con las películas que ‘no la enganchan de una’. Cuenta que disfruta jugar con sus mascotas al igual que ver crecer los inciensos que plantó en una decena de latas de duraznos.
En lo profesional, sueña ahondar en el área de comunicación y salud. E incursionar en el terreno de las crónicas.






 

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