Adela Basch: la escritura del humor y la revisión

November 18, 2018

Pintar con pinceladas certeras un retrato de la escritora Adela Basch (Bs. As., 1946) resulta ante todo una empresa festiva. Toda ella empapa de una vitalidad, un sentido del humor, una sensación de bienestar y una distancia de los protocolos restrictivos que de inmediato uno no puede sino sentir una genuina adhesión hacia esta mujer multiplicadora del fervor por el arte y toda iniciativa del orden de lo creativo,  no sólo lo estrictamente literario. En primer lugar porque todos padecemos esos protocolos como instancias represivas, invasivas, de sumisión y control de un orden que debemos acatar contra nuestra voluntad (conscientes o no de ello) por una autoridad que no suele ser respetuosa ni de nuestra dignidad ni de nuestra integridad como sujetos libres, cosa que sí hacen Adela Basch y su literatura de modo convocante. En efecto, esta autora manifiesta una concepción de los sujetos (no sólo infantiles, sino de modo inclusivo con el resto) completa según la cual forman parte de una comunidad que construye y propone soluciones así como evita o neutraliza posibles confrontaciones que se puedan suscitar en el orden de lo real o de instancias subjetivas. Porque de hecho aborda en ocasiones en su literatura episodios erizados de complejidades en su interpretación por parte de especialistas o bien de quienes aspiran a imponer miradas unívocas sobre esos acontecimientos. También porque en otras oportunidades los ignoran. Por el contrario, Adela Basch restituye a esas personas (no sólo personajes en ocasiones) su cuota de humanidad, por un lado. Amplitud de contenidos, por el otro. Y los sacude de eventuales remezones simbólicamente violentas que aspiren a invisibilizarlos o a imponer relatos desde la pobreza simbólica y la sustracción de sus valores menos libertarios. Precisamente el trabajo de Basch consiste en desmontar esos mecanismos y promover relatos alternativos asociados a principios de sujetos considerados desde su completitud y su dignidad.

 

 

Pero vayamos a recursos a los que acude. Por un lado, trabaja la literatura en sus principios constructivos desde los significantes (rimas, ritmos, puntuación, figuras retóricas que se articulan con la expansión de los mismos, como la hipérbole), esto es, desde la materialidad de los signos, y lo hace produciendo un efecto que carga de múltiples significados y a su vez de múltiples sentidos a la palabra y a los sintagmas. Desordena a todo lo que ellos aluden introduciendo una riqueza de rompe con la naturalización del funcionamiento del lenguaje naturalizado. Esto introduce efectos letales que socavan la economía comunicativa que suele primar, por lo general, en la literatura en sus términos más convencionales. Escapa a la lógica del lenguaje denotativo. En verdad eso es precisamente el punto en Basch: atenúa la dimensión denotativa y enfatiza la connotativa, oponiéndole un alto voltaje a ésta última. Este atributo carga a sus textos de una densidad semántica riquísima que introduce modulaciones al nivel de los contenidos, por un lado y de las formas, por el otro. Plantea y cuestiona así la arbitrariedad del signo. Asimismo, como su contracara, compone una condensación que asocia los significados a una seria revisión sobre distintos temas polémicos u opiniones plagadas de opacidad acerca de sujetos tanto imaginarios como de existencia constatable y su cristalización estereotípica.

 

Por otro lado, hay un trabajo de desarticulación del sentido común asociado por lo general a la solemnidad innecesaria que deforma y rodea a ciertos clásicos de la literatura universal (La Odisea, el Quijote, esto es, libros fundacionales de la cultura literaria de Occidente), de los que también todos hemos oído hablar o incluso leído en contextos escolares o en forma particular, parcial o totalmente. Y lo hace o bien parodiándolos o bien acudiendo a intensas dosis de humor en algunos de sus episodios que de modo selectivo aborda. Por supuesto que esa selección no es inofensiva. Encubre siempre la intensidad de un efecto. De ese modo condensa  en ellos modos de lectura en cierta clave: esta vez lúdica y lúcida a la vez. Porque es significativa pero siempre respetuosa. Les sacude esa cuota de adoración catedrática que vienen arrastrando como un lastre desde hace siglos cuando lo verdaderamente relevante es una conexión directa y un acceso a ellos sin mediaciones. Tal como ocurrió en los tiempos contemporáneos a los que fueron concebidos. Como síntesis, diría que Basch rescata representaciones literarias de episodios del orden de lo imaginario que constituyen momentos culminantes de nuestro arte. En todas las inflexiones de su poética (de procedimientos, de temas, de abordajes de contextos) es posible percibir la adopción de una actitud ante todo transgresora de principios sociales normativos bajo cuyo efecto los sujetos se ven sumidos y se encuentran faltos de posibilidades recreativas. Así, procede a una revisión del canon literario occidental desde una perspectiva crítica inhabitual y eminentemente aguda: lo sacude. Le restituye el lugar que en la cultura y, especialmente, en la educación, debería ocupar el aprendizaje, no solo en el caso de los sujetos infantiles. Finalmente, su mirada sobre el canon es la de socavamiento y corrosión de sus principios de legitimación. La literatura infantil, pareciera decir Basch, traza desde la escritura misma nuevas lecturas o revisiones de los clásicos. Nueva instancia de revisión en Basch.

 

 

 

Hay otras estrategias en su trabajo literario que acontecen con personajes de la Historia oficial, cuyo abordaje no resulta casual. Consiste en este otro cuestionamiento a la lectura convencional de una sociedad que los ha entronizado sin desplegar ni comprender todos sus matices. Procúrase mediante la representación literaria de personas que tuvieron existencia fáctica, esto es, entre otros, de próceres, conquistadores, exploradores de distintos, continentes o agentes de procesos de emancipación nacional, guerreras, maestras, líderes de pueblos originarios, la posibilidad de ser retomados y recuperados en su vertiente más humana pero también más plena de posibilidades. Bien de denuncia, bien insurreccional. Su mirada sobre ellos se realiza con una vuelta de tuerca hacia lo que efectivamente realizaron en sus respectivas empresas quitándoles todo lastre de idealización o, en algunos casos en que ha sido innecesario, de estigmatización. Muchos de ellos han actuado de determinada manera mediante batallas imprescindibles. Otros mediante la invención de emblemas nacionales pero sin cobardías. Otros acaso mediante el descubrimiento de territorios ignotos que, aunque introdujeron la violencia pretendiendo encubrir una desintegración de la barbarie, se comportaron de un modo destructivo. Y otros, aspirando a apoderarse de nuevos territorios, y riquezas, exterminando a los pueblos originarios. Adela Basch asiste a ellos desde una posición crítica y toma partido histórico. Sin embargo, la sanción moral no deviene pedagogía. Pese a que hay una señalada referencia a la ambición y la crueldad de sus líderes. Los pinta también contextualmente porque no escapan a su tiempo histórico y no hacerlo sería una forma de la ocultación o la mentira. También asiste al fenómeno histórico como sustrato para una economía ficcional que luego dictará la fábula y más tarde la escritura. Diera la impresión de que de modo más reciente la posición de Basch adopta matizaciones más cuestionadoras de esas conductas, desde una mirada con pocas concesiones.  Pero Basch busca menos la sanción que la incitación a la curiosidad, la búsqueda, la indagación, la pesquisa, la investigación. De este modo, son los lectores y las lectoras mismos a quienes Adela Basch de modo sugestivo los conduce a juzgar por sí mismos (y por lo tanto, les restituye un pensamiento activo y toma distancia del a priori). La literatura que aborda temas históricos ya no es ficción. Eso está claro. Es, en cambio, ficción histórica en la cual, como muchos ya lo han señalado, se construye un verosímil según el cual la ficción debe ajustarse a ciertas normas para ser evaluada en términos de una mayor congruencia con su referente. Y Adela Basch parcialmente lo hace. Pero me parece que esta autora más que estar interesada en ser fiel o reproducir tal o cual época en términos fehacientes, lo está del rescate de los valores éticos de estas personas devenidas personajes. Adela Basch se opone con su discurso cargado de significados históricos a lasa herencias que nos ha legado un mundo profundamente desdichado en el que ha habido víctimas y victimarios y, por lo tanto, muestra a los niños y niñas que la vida no consiste solamente en un idílico juego al que muchos de ellos están consagrados. Recientemente Adela Basch se ha interesado en la reivindicación y el rescate de ciertas figuras femeninas de la Historia oficial tan idealizadas como invisibilizadas, lo que políticamente las neutraliza. En tal sentido, si bien no me atrevería a hablar de un abierto feminismo sí me referiría a la aparición en algunas de sus obras de una dimensión de rescate y reivindicación de género en torno de ciertas figuras en concreto, como Juana Azurduy, por ejemplo. Y que no me parecen en absoluto el resultado de oportunismo de discursos de estos tiempos históricos sino más bien de profundas y meditadas convicciones. Son perfectamente congruentes con sus valores. Adela Basch no escatima el costado más negro de la condición humana y su obra establece un diálogo con un universo plagado de conflictividad social, lo que resulta inesperado en un corpus como el suyo. Hay guerras, hay duelos, por más que difícilmente haya representación de lo sanguinario en su teatro, debido a las posibilidades escénicas, si bien esto no resulta imposible, como bien lo demuestra.
 

El humor, tan presente en la obra de Basch, se manifiesta de múltiples maneras. Pero mencionaría las más señaladas. Proviene del equívoco, situaciones desopilantes que tienen que ver con juegos de lenguaje, como lo indiqué más arriba, intercambios o confusiones de roles o identidades, de inadecuaciones y, ya en un sentido amplio, hablaría de un abordaje de acontecimientos dramáticos desde perspectivas que los cambian de signo. Esto es: de tragedias, en comedias.   

 

En Adela Basch, producto de una economía del uso del lenguaje tan singular, asistimos a un extrañamiento y a un  efecto de incertidumbre que no se percibe desde una atmósfera oscura u ominosa como en el caso de otros autores o autoras sino desde un profundo sentido del orden de lo humorístico, no menos letal. Poco transitado y poco habitual, porque no tiene demasiados antecedentes, al menos en Argentina. Sume al lector en un costado de la dimensión humana que lo distancia de su estado más habitual de la experiencia cotidiana.

 

Adela Basch, en estos procesos de progreso y retroceso, de invención y revisión, de modo arrollador atenta contra el orden monológico de ciertas instituciones, en especial la escolar. Y a este punto quería llegar.

 

Porque por último, y sin pretender agotar la inmensa riqueza de una producción que se despliega, se proyecta y abre hacia infinidad de posibilidades interpretativas y lecturas, agregaría a todo ello el sustrato de su trabajo en contextos escolares que están (lo sabemos) por su mismo fundamento, constitución y funcionamiento rigurosamente vigilados. En esos contextos, los discursos son regulados, instrumentales y burocráticos e impiden la plenitud del ejercicio de la realización y de la promoción del discurso crítico. Por lo tanto, afectan a los sujetos inhibiendo los sistemas de ideas abiertos y promoviendo su contracara. Adela Basch trae a esos contextos incontestables discursos y prácticas sociales (además de objetos) que los neutralizan y, en un punto, paraliza su funcionamiento, los pone en cuestión sin confrontación sino estableciendo en todo caso un conflicto implícito traducido en sabias estrategias de negociación mediante las cuales resemantiza los vínculos y los discursos. A través de ello le es permitido a una escritora con mucho sentido del humor y un altísimo valor de adhesión convocante la instalación de prácticas y discursos que les son contrarios a esa cerrazón y necedad en buena parte de la institución escolar. Basch se revela conmovedoramente combativa pero sin agresiones ni agravios. Y ciertamente triunfa. Porque esos discursos burocráticos son, pese a que parecen potentes, profundamente endebles por su insolvencia y su falta de argumentos salvo su represión de lo innovador. Frente al poder de una ilimitada imaginación arrasadora nada puede oponerse y Basch consigue lo que se propone: conductas lúdicas y un pensamiento no irreductible a esquemas. Relevante resulta también el protagonismo y el compromiso de quienes conducen los destinos de nuestra educación. Que por lo general se manifiestan agradecidas y agradecidos frente a esta mujer que también en su dimensión de género viene a traer aires nuevos a aulas vetustas que requieren ser desempolvadas de resabios de decenios de ausencia de pensamiento renovador y actitudes risueñas cuando no de abiertas carcajadas (como de hecho sucede) y de saludables construcciones colectivas. Esas estructuras asfixiantes, reiterativas, con ideologías reproductivistas, son no sólo inútiles sino que atentan contra el bienestar de los sujetos. En un mundo de silencios, en el que sólo los medios de masas o la Internet parecieran hegemonizar la palabra para en la mayoría de los casos degradarla y denigrarla y junto con ella a los sujetos, Adela Basch restituye el valor expresivo por un lado y el valor precioso al lenguaje. Por el otro, conquista la posibilidad de que esa expresión sea completa en todos sus matices, que integre todas las dimensiones de la identidad de los sujetos (no sólo escolares ni solamente infantiles, porque contagia a los educadores y educadoras), que esos sujetos se involucren con causas nobles no estrictamente militantes pero descubran dentro de sí mismos potenciales de interacción que permitan revisiones de lo que han recibido como herencia por lo general enciclopedista tanto en escuelas como en Universidades, bajo la concepción de información y no de formación. O, como afirma la psiconalista argentina Silvia Bleichmar, no de producción de conocimiento. Para lo cual sí hacen falta operaciones complejas y un pensamiento abstracto e imaginativo. Y, por lo tanto, en este pasaje, en este tránsito invalorable del silencio a la voz, del silencio a la palabra, del vacío a la simbolización y al ejercicio de su capacidad lúcida, Adela Basch es quien se hace cargo mediante una profunda responsabilidad y vocación de servicio de estimular los roles de quienes más adelante en sociedad también es desear sean sujetos íntegros, participativos y comprometidos. De manera que ya vemos, mediante un conjunto de ficciones supuestamente “infantiles” e inofensivas nos encontramos con una serie de operaciones profundamente transgresoras sobre la cultura (no sólo literaria), operativas, que dialogan con el pasado, con el presente y, naturalmente, con el futuro que promueven formas de actuar intra e intersubjetivamente.

 

Toda la obra y el trabajo de Adela Basch, en un país como Argentina en el cual el capital simbólico y material se ha visto conmovido de modo alarmante por dictaduras, crisis económicas, corrupción y burocracias, rapiña de capital financiero de dimensiones incalculables, constituye una proeza y un recurso invalorable para construir y reconstruir ciudadanía responsable. Por todos estos motivos que acabo de procurar detallar en el presente artículo no me queda sino un reconocimiento a esta escritora sin precedentes por sus iniciativas indetenibles (también como editora), en una cruzada en favor del arte, de la infancia y sus derechos, de las ideas progresistas, así como la grandeza de principios a través de prácticas concretas. Lograr la consideración de una ética del semejante y la colaboración sincera entre iguales. Esto me parece lo más sobresaliente de su honrada labor.

 

 

 

AUTOR

 


 

 

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, es escritor y crítico literario. Ha publicado los libros Verse (relatos, 2000) y Cantares (poesía, 2005). En carácter de editor Obra crítica de Gustavo Vulcano (2005), la antología Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura (narrativa breve, 2015). Su libro más reciente es Sigilosas. Entrevistas a escritoras argentinas contemporáneas (2017). Ha editado trabajos de su especialidad en Europa, EE.UU., Israel y América Latina.

 

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