Eduardo Berti: la crítica musical inconformista

February 26, 2019

Lo he hecho otras veces por su obra literaria. Pero me gustaría ingresar por una puerta distinta la poética del escritor Eduardo Berti. He puesto el énfasis en su dimensión creativa como autor de ficción en otras oportunidades. También como editor de antologías. Acentué su cosmopolitismo, su capacidad de la traducción en todas las resonancias que esta palabra despierta. Pero ha llegado el momento de hacerlo desde otro ángulo: la crítica musical, del rock al tango. En efecto, Eduardo Berti publicó tempranamente su libro Rockología (luego reeditado) realiza un completo y complejo análisis de los músicos más sobresalientes de la generación de los ’80. Ese libro data de 1984, esto es, de la posdictadura, y allí ya tempranamente realiza una periodización rigurosa, fechada según un criterioso fundamento, además de una caracterización de ese movimiento contracultural que significó la música rock. Hay remisiones a referentes de la música rock internacional en diálogo con la de nuestro país, por un lado. Por el otro, acude a pinceladas de la Historia y recursos propios de la Sociología, por el otro.

 

 

Son los tiempos también en que el rock nacional estalla, después de una dictadura opresiva, atroz y virulenta, en la que la producción se multiplica en bandas, revistas que dan cuenta de esa constelación de sentidos, de recitales multitudinarios en estadios en ocasiones de los cuales, justamente, se pone en escena una mirada sobre el mundo que aparta a los asistentes de la cultura oficial y burguesa en la que sus padres aspiraban a apoltronarlos. Esta circunstancia de que el rock nacional es una reacción, un rebote contra un sistema oficial represivo no ha de haber escapado evidentemente, a la mirada sagaz de Berti. 

 

Desde el diario Página/12 y otras publicaciones periódicas Berti escribirá sus columnas musicales y también, a partir de una iniciativa del director de ese diario por entonces, le hará la propuesta abierta de un libro sobre una figura del rock nacional. Berti sugerirá a Spinetta, lo que es aceptado por el director. El libro resulta apasionante y –me parece- aún hoy Berti asiste a él con los mismos ojos apasionados del momento en que se consagró a la difícil tarea de su elaboración. Después de investigar, estudiar, escuchar una y otra vez su música, Berti comienza un trabajo vertiginoso de “cacería” de Spinetta en la cual logra por fin algunas respuestas. Lo hará, naturalmente, poniendo el acento en su dimensión discursiva, en virtud de su condición de periodista y de escritor que se está iniciando. El libro agota varias ediciones (Spinetta era un músico convocante y el rock nacional también lo era, así como el enfoque, así lo estimo, desde el género entrevista y la seriedad que doy por descontada) pero sobre todo me parece que conviene insistir en un punto. La mirada de Berti no es la de un mero periodista. Es la de un escritor que asiste al espectáculo de la belleza en su estado más genuino y sabe reconocerla en su dimensión más anómala respecto de las hegemónicas, por lo general menos radicales en el sentido en que lo hará Spinetta. 

 

Ya hacia 2014, el libro es reeditado en una versión ampliada por editorial Planeta, en la cual Berti incluye una discografía completa del músico, aumenta el libro con poemas,  programas de recitales, letras de canciones, fotografías, entre varios otros agregados, lo que enriquece y vuelve notablemente fecundo este retorno del volumen a un nuevo lectorado argentino o a quienes lo recuperan desde un mirada distinta. Una relectura más compleja. Una vez fallecido el músico, con una trayectoria amplia, rica y extensa, también su obra incuestionablemente adquiere otra proyección. También la posibilidad de asistir a ella de modo panorámico.

 

¿Qué hace Berti sino, una vez más, apostar a un tipo de lírica del rock y de estética del rock en las cuales, de modo inclaudicable, sus principios permanecen intactos?  Dibujando el rostro de un Spinetta complejo, con una intervención en la cual su perfil de escritor pesa más que su perfil de periodista (de eso ya no cabe la menor duda a estas alturas dada la altura de su carrera) Berti condensa sentidos y vuelve al libro aún más contundente aún, así como una prueba de que el rock argentino es capaz de dar a luz obras notables sin necesidad de acudir a referentes extranjeros. Pese a que inevitablemente Spinetta haya recibido influencias internacionales, como los Beatles, entre varios otros.

 

 

En este sentido, las incursiones de Berti por la ficción tanto desde lo individual como desde su participación en el  Oulipo (Taller de literatura potencial, con sede en Francia, país donde reside en desde hace varios años, concretamente ha fijado su residencia en Burdeos), un grupo de experimentación literaria creativa que conjuga la escritura creativa con las ciencias. De él formaron parte Italo Calvino y George Perec, entre otros. Todas estas búsquedas,  se muestran completamente coherentes con la mirada sobre la poesía del rock. De modo que este arte aparentemente pegadizo (como suele ser el del rock, pero no precisamente el de Spinetta) trasciende la mera escena anecdótica y se torna altamente transgresor. Un arte desafiante para la versión más convencional del rock nacional. Spinetta hizo siempre algo distinto del resto. Y siguió siendo siempre coherente.

 

Si sus indagaciones en torno de la música y, sobre todo, la letrística, de Luis Alberto Spinetta lo volvieron un defensor irreductible de ciertos principios del arte (y, agregaría yo, del arte popular en su variante más sofisticada, elaborada y compleja), Berti aplicó esos mismos principios a su poética y los volvió intensamente inconformistas con las modas o, en todo caso, con los estereotipos sobre la literatura de la época en la que él escribió circulaban. La literatura de Berti desde su narración “de comienzos” Agua (1997) introdujo en el campo intelectual argentino una poética reveladora. Fue muy rápidamente traducida al francés, lo que explica una cierta sensibilidad que luego se acentuaría en el resto de su producción posterior.

 

Berti ha propuesto como hipótesis (y esto no me parece para nada descabellado sino, por el contrario, que soy incluso partidario de su idea) que las letras de rock constituyen una singular forma de la lírica. De poesía urbana que, por supuesto bajo ciertas condiciones de producción y circulación, de público y de inteligibilidad (incluso hasta de soporte naturalmente), introducen factores disruptivos en la cultura hegemónica. Y esto, claro está, se evidencia de modo singular en la poética de Spinetta, en la cual la letrística se desborda hacia límites con un profundo hincapié en lo estético. A todo ello Berti suma una incursión mucho más profunda por los referentes intelectuales bastante nítidos de Spinetta: Artaud, Foucault, Castaneda, Rimbaud, entre otros.

 

Este interés de Berti por el rock se suma a vertientes como los documentales en  el cine, el guión de cine ficcional, manifestaciones culturales que lo alejan de la literatura propiamente dicha, lo ponen en diálogo con otros lenguajes, otras prácticas y lo acercan a nuevas lógicas narrativas e incluso modulan un tipo de discurso según el cual la palabra ya no es la protagonista en un sentido estricto, sino que pasa a formar parte de un espectáculo de conjunto más complejo..

 

Y en 2017, Berti da una pirueta maestra y publica un libro sobre tango: Por qué escuchamos a Aníbal Troilo.  Este libro ensaya la formulación de un fundamento. Ese fundamento, como es lógico, supone que, efectivamente, Troilo sigue manteniendo una vigencia que hace que lo sigamos escuchando como (digamos) a un clásico. Porque ha pasado mucho tiempo (él ha muerto en 1975). Ese hilo que une este presente con el lugar que actualmente ocupa el tango (que no es el que ocupaba por entonces, su época de oro) será el tema de este libro, entre varios otros, que caracterizarán la música y el modo en que Troilo encara el tango así como su trayectoria.

 

Nuevamente estamos ante un libro de escritor. De un escritor que sabe de música popular, naturalmente. Pero que no puede abandonar su condición de hombre de letras. Si bien las referencias a datos sobre la cultura popular y el fenómeno musical en todas sus particularidades (desde las históricas hasta las de su índole técnica) no están  naturalmente ausentes, jamás Berti deja de tomar como referentes a la literatura, la filosofía en ocasiones también y, en  este libro en particular, pinceladas de teoría y crítica literarias. De esto podemos tomar nota como una novedad que al mismo tiempo enriquecen y permiten potenciar el abordaje de la obra y el universo creativo del músico.

 

Y esa es precisamente una genealogía que propone Berti. Una filiación gardeliana a la que luego la transición de Pichuco que proseguirá hasta su culminación en el proyecto de un Piazzolla formado según la música académica. No así Pichuco, quien no proviene de esa educación. Pero esta cadena de la renovación lo sitúa a Troilo en una zona intermedia en la que, en palabras de Berti, lo convierte en un “reformista” pero no un revolucionario. Es alguien que ha sabido innovar de modo notable, que no ha acudido a la ya citada “alta cultura” y ser prácticamente un autodidacta, su talento lo vuelve un extraordinario intuitivo. En síntesis: no tener formación académica no es sinónimo de no tener disciplina o de no tomarse en serio su trabajo o de no tener talento.  

 

El libro sigue varias de sus innovaciones. Los delicados matices con que, por ejemplo, introduce instrumentos en su orquesta. O bien el modo sutil en que logra, que “un intérprete sea un instrumento más de la orquesta”. Hay un equilibrio en Troilo, una búsqueda obstinada por mantener esa dosis exacta en la cual no existen contrastes ni exageraciones ni desmesuras. Troilo (y anota esto como detalle curioso) necesitaba de la letra primero antes de empezar su trabajo como compositor. 

 

Berti ha experimentado en distintos ámbitos del quehacer cultural desde perspectivas innovadoras. Leer este libro es ingresar en una cierta clase de imaginación musical junto con una referencialidad histórica. Y también constituye una nueva zona de cruce entre discurso literario o, en todo caso, escritura (letrística) y una música singular que, por lo menos hasta el momento, ha sido en el caso de Berti ha sido sinónimo de investigaciones en torno de la música popular. Puede que, caja de sorpresas mediante, quién puede saberlo, Berti nos deje perplejos con un nuevo libro en el que despliegue nuevos aportes y incursione por otros saberes, nuevas destrezas, nuevas clases de discursividades, nuevas perspectivas y matices. Pero ha dejado en claro que su posición frente a la música es una contundente apuesta a la música argentina en su vertiente popular en ambos géneros en este caso: el rock y el tango. Lo que no sólo es una toma de posición respecto de la música en la que está interesado. Sino también una mirada política respecto del universo de la cultura en tanto que universo semiótico.

 

 

 

AUTOR

 

 

Adrián Ferrero nació en La Plata en 1970. Dr. en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, es escritor y crítico literario. Ha publicado los libros Verse (relatos, 2000) y Cantares (poesía, 2005). En carácter de editor Obra crítica de Gustavo Vulcano (2005), la antología Desplazamientos. Viajes, exilios y dictadura (narrativa breve, 2015). Su libro más reciente es Sigilosas. Entrevistas a escritoras argentinas contemporáneas (2017). Ha editado trabajos de su especialidad en Europa, EE.UU., Israel y América Latina.

 

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