Entender hasta que duela

March 7, 2019

Viaje al invierno, la segunda novela de la escritora y traductora Claudia Solans, es un descenso al dolor de dos generaciones de mujeres que amaron tanto como perdieron.
 

 


En la primera escena de Viaje al invierno Clara, la protagonista, se baja de un colectivo harta de contemplar la quietud del tránsito; más adelante, después de haber caminado unas cinco cuadras vuelve a toparse con algo más que frente a ella está detenido: las agujas del reloj de la Torre de los Ingleses que marcan las nueve menos veinte de vaya a saber cuándo. Pareciera que algo o alguien, una entidad de naturaleza indescifrable, tira de la manga de su camisa para detenerla, para que no continúe con su vida sin antes resolver una serie de hechos del pasado. Esta imposibilidad de avanzar, de seguir su camino, será la clave de lectura del libro. Gran decisión la de Claudia Solans que puso en sincro algo del plano subjetivo del personaje con el plano netamente fenomenológico como la descripción de un ambiente urbano.

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La segunda novela de la narradora y traductora argentina Claudia Solans, nacida en la provincia de Buenos Aires pero tucumana por adopción, transcurre durante la última dictadura cívico-militar; describe un universo donde los hombres ocupan los lugares importantes y las mujeres, cuanto mucho, aspiran a asistirlos. Como en La visitante, publicada en 2017 también por Adriana Hidalgo, Solans vuelve a dotar a la provincia de Tucumán de un peso específico para el desarrollo de la trama: no es solo un escenario, un telón de fondo, es carne en los personajes, Tucumán los construye y los desfigura; es un estado de ánimo, una sensación o un impulso.

Los elementos que desde el primer capítulo conspiran contra la historia de Clara son las piezas de un rompecabezas que involucran a su familia, un padre autoritario y servil a todo lo que emana de la Junta y una madre que está muriendo; a su Tucumán natal, que puede asfixiar hasta matar; la guerra de Malvinas; a la fragilidad del amor en tiempos de asesinos y desaparecedores; a una tía que escapó de los campos de exterminio del nazismo; y al mismísimo Adolf Eichmann.

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Hay un pasado individual pero también un pasado común que Clara buscará esclarecer, porque el pasado, una y otra vez, se empecinará en plantársele de frente. “Los hechos y la verdad no siempre coinciden” le dice a Clara una tía casi al final de la novela y, aunque suene a revelación, estas palabras la confunden todavía más. Y es que no entiende cómo fue posible un romance entre su tía Helena, una judía que logró huir del Holocausto, y Adolf Eichman, el jerarca nazi que promovió la solución final y que luego vivió de incógnito casi una década en la Argentina. ¿Pudieron haberse amado víctima y verdugo? A Clara, entender la obsesiona, aunque entender duela por dos, por el dolor de Helena, que huyó de los campos de exterminio, y por el propio dolor de Clara, a quien con poco más de 20 años le arrebataron el amor en dos ocasiones.

 

 


La novela también hace eje en un aspecto de la historia argentina reciente sobre el que aún falta mucho por desentrañar: la connivencia civil con la dictadura. En Viaje al invierno esta relación no sólo aparece representada en la figura del padre de Clara sino en Torres, el jefe de la empresa en la que ella trabaja, y su séquito de amigotes, un grupo de civiles que planea continuar la dictadura por otros medios bajo la égida del siniestro Antonio Bussi.

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Solans sostiene la narración con la alternancia de dos voces: la de Helena y a la de Clara; son voces cristalinas, potentes. Leer esta introspección, el viaje al invierno de estos personajes, es, por defecto, no conocer el punto de vista de los demás personajes que intervienen en la trama. Sin embargo, esta comunión nos propone una mirada en la que confluyen dos generaciones de mujeres sobre un universo construido, la mayoría de las veces, como un universo exclusivamente masculino.

 

 

                                  AUTOR

 

 

Marcos Nuñez dice que, francamente, le gusta más leer que escribir. Y sin embargo escribe. Estudió periodismo en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Vive con Natalia, su compañera desde hace 8 años, quien le hizo conocer Carmen de Patagones, el clima seco, el río, la costanera y las historias.

Algún día, cree, va a leer todos los libros que no para de acumular en su biblioteca. Hasta hace poco los leía y escribía algún comentario en las últimas páginas blancas, al final de cada libro; desde 2016 los lee y escribe reseñas en el suplemento Séptimo día, del diario El Día de La Plata. “Hay que leer a Bolaño”, dice dos por tres.

Por el cuento “Baltazar” recibió el Premio Osvaldo Soriano de Relato (Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, 2015). Escribió junto a Lucas Dal Bianco la tesis de grado “Memorias de la clandestinidad: la historia escrita en los husos”, un trabajo que reúne diez crónicas sobre el testimonio de militantes que resistieron en la clandestinidad la última dictadura cívico-militar. Publicó relatos en distintas compilaciones y no acaba nunca de corregir una novela inédita. Nació en La Plata en 1988.


 

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