“Es necesario reducir los costos de los productos para celíacos”

May 5, 2019

Dos años atrás de escribir esta nota había nacido en mí la sospecha de ser celíaca. Si bien viví casi 36 años con la panza hinchada y dolor de cabeza, nunca se me ocurrió culpar a la ingesta de gluten como causante de dicha sintomatología. Era tal mi negación que prefería cargar contra el tuco y no contra los fideos, contra la verdura y no contra la masa de la tarta. O quizás era notoria la desinformación que por aquel entonces tenía sobre la enfermedad.

 

 

Recuerdo que mientras atendía un almacén me enteré de qué se trataba la celiaquía. Fue una tarde de invierno del año 2002 o 2003 cuando un pibe de no más de ocho o nueve vueltas al sol vino a comprar un dulce de leche sin T.A.C.C. (Sin trigo, avena, cebada y centeno). Él me explicó qué quería decir la sigla y por qué requería que ese, como tantos otros productos, no tuviera gluten.

 

Pasó el tiempo y el 2018 me encontró con la casi certeza también de serlo. Debo reconocer que además tenía mayor conocimiento ya que mi mejor amiga había sido diagnosticada tiempo atrás y por mi profesión, también, había entrevistado y escrito un par de notas sobre celiaquía. Por eso recurrí a una consulta y pedí una orden médica para análisis de sangre por anticuerpos de celiaquía. El diagnostico dio positivo. Luego llegó el turno de la endoscopia con biopsia para terminar –de esa forma- por confirmar la enfermedad.

 

Lo que siguió fue un giro de 180 grados en mi alimentación y, con eso, una rápida mejoría en mi calidad de vida. En ese período intenté conocer otras experiencias y por eso me sumé a grupos de Facebook donde, por ejemplo, aprendí cuáles productos podía utilizar y cuáles no; cómo debía cocinar una masa y cómo no. Qué remedios eran aptos y cuáles no, qué artículos de belleza e higiene, etc.

 

En el punto de los medicamentos me permitiré contar una reciente experiencia que pinta la diaria que vivimos quienes tenemos celiaquía: Una semana atrás tuve un estado gripal por el cual necesité tomar antibióticos. Era domingo y en la localidad donde vivo había una sola farmacia de turno que no tenía ni antifebril ni antibióticos aptos. Encontrar esos productos, también, se vuelve una odisea. Sé que quienes llevan más años o hasta la vida entera transitando por la celiaquía aseguran y dan testimonio que hoy todo cambió, que hay un avance, pero sin dudas es menester luchar por más.

 

Aparte de concientizar sobre los cuidados que se deben tener en la cocina al momento de, por caso, cocinar sin gluten y evitar la contaminación de los alimentos (una simple cuchara que primero revuelve una olla con gluten puede llegar a contaminar si, sin limpiarla, luego revuelve otra olla donde se prepara comida sin T.A.C.C) es necesario bregar por una reducción de los costos de los productos. Resulta increíble que siendo el trigo, el maíz y el arroz los principales granos y cereales cultivados en el mundo, se cobre hasta el triple a los derivados de los dos últimos. Hay que luchar en pos de frenar esos abusos en los costos de los productos para celíacos y celíacas. Y exigir que haya un control de precios para los mismos.

 

Por otro lado, también es imprescindible que se amplíe el monto que desde el Estado se les da a las personas con celiaquía. En un contexto de inflación se hace absolutamente cuesta arriba el consumo de productos sin gluten. Y la ayuda debe ser acorde a los tiempos de crisis que se viven.

 

El 5 de Mayo es el día Mundial del Celíaco/a. Cierro esta nota deseando que las ofertas de los supermercados para productos sin gluten reinen más allá de la semana sin T.A.C.C. Que la difusión y concientización forme parte de la agenda mediática mucho más que una semana al año. Y que la empatía e inclusión esté vigente los 365 días.

 

 

 

                           AUTORA

 

 

 

SOLEDAD CASTELLANO. Es graduada en la licenciatura en Comunicación Social con orientación Periodismo (UNLP) y en la carrera de Locutora nacional (ISER).  Escribió la novela “Farfalla”, editada en 2015. En tanto, textos de su autoría fueron seleccionados y publicados en la Guía de estudios Universitarios y Terciarios de Editorial Lazara (año 2000) y en la Antología IV ‘Concurso de relato breve Osvaldo Soriano’, de Ediciones de Periodismo y Comunicación EPC (2016). Condujo y produjo durante una década el programa periodístico “La Brújula” y se desempeñó en emisoras AM y FM. Hizo suplencias como docente de Comunicación y Cultura. Desde hace más de quince años ejerce periodismo gráfico.

 

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