La corona del virus

March 16, 2020

He leído y escuchado que este virus llegó para igualarnos, que le afecta tanto al rico, al clase media como al pobre. La verdad es que yo no creo que esta pandemia iguale nada. La sociedad sigue siendo tan desigual como siempre. Lo único que sí iguala es la muerte pero en el mientras tanto, no todxs tienen la mismas posibilidades para esquivarle a la parca. Digo, hablan de evitar el contagio y ahí tenés al ricachón/a que volvió del exterior, que llegó a Ezeiza, que su familia le dejó su auto estacionado y la llave del depto (que obvio no alquila) para que vaya a ejercer su cuarentena con toda la heladera llena, la cuota paga de la obra social por si las dudas y te lo cuente por redes sociales cual reality show de cuán sacrificada puede ser su vida sin ir al gym para mostrar cómo endurecen el culo, ponele. Ése o esa que quizás puedan darse el lujo de no laburar un par de meses porque tienen banca monetaria. Mientras tanto, del otro lado, tenés al laburante que viaja en el Roca o en el bondi, amontonadxs como latas de sardinas, porque necesitan llenar la panza antes que la heladera. Esa gente que no tuvo vacaciones afuera, que quizás con suerte se fue una tarde al río, ése que alguna vez se nos prometió que iban a limpiar. Esa gente que capaz el domingo quiso ir a comprar alimentos y no había porque otrxs, por ese afán egoísta del "primero yo", se llevaron provisiones "por si las moscas". Esa gente que no puede dejar de laburar porque si no labura, no come. Esa gente que si un día se enferma, esperemos que no, quizás les toque lidiar con un sistema de salud colapsado. Entonces, eso de que "la pandemia llegó para igualarnos" yo no te la creo. La pandemia, en todo caso, le hizo ver a muchxs cuán importante es la salud como política de Estado.

 


Por eso pienso en nuestros médicxs, enfermerxs, personal sanitario. En esos hombres y mujeres que cobran dos mangos y que tendrán la misión de cuidar, sanar y a su vez, arriesgarán su propia vida por otrx. Pienso en este país tan poco federal. Pienso en Buenos Aires, provincia centralista si las hay. Pienso en los 135 Municipios que la componen. En las distintas realidades que la albergan porque, sepánlo, no es lo mismo vivir en, por ejemplo, La Plata que hacerlo en un distrito alejado de las urbes donde los hospitales no tienen alta complejidad. Pienso en esas comunas, en los traslados de pacientes, en las horas arriba de una ambulancia, rutas mediante, rumbo a otras ciudades para poder recibir atención. Pienso en las familias. Pienso en cómo se garantiza la igualdad de oportunidades ante un eventual colapso del sistema sanitario.

Pienso en la gente con patologías crónicas, en el que tiene familiares jodidos, en quienes tienen en el lomo la cruz de alguna enfermedad y deben cuidarse aún mucho más. En lxs que necesitan del cuidado y responsabilidad del otrx. Pienso en que no hay que subestimar este virus como tampoco el dengue que avanza cada día más, la violencia machista que mata una mujer cada 23 horas, la gripe que está en puerta en este invierno, etc. Pienso en la responsabilidad de los que informan, de los que informamos, en la necesidad de no ocultar información, en la necesidad de comunicar la verdad de lo que pasa, en la necesidad de no asustar porque el miedo -también- afecta. Pienso en que está bueno que todxs tengamos bien en claro cómo cuidarnos, qué evitar y, llegado el caso, dónde llamar o cómo manejarse para los cuidados. Me pregunto si todo el mundo tendrá en claro que no hay que ir a una guardia si se sospecha de los síntomas. La verdad no lo sé. Ojalá que sí sepan que existe la línea del 148 o que se puede denunciar a aquel ciudadanx que no esté cumpliendo la cuarentena.

Pienso en que hay que ganar tiempo para que esto no siga avanzando. Pienso en que hay que ganar tiempo hasta tanto haya antiviral y vacuna. Pienso en que nunca más tenemos que permitir que en nuestro país la Salud no tenga el rango Ministerial. Pienso en que hay que ordenar prioridades y defender la salud como bandera. Y reclamar por el derecho que nos corresponde.

Ojalá que esto pase pronto, que no deje grandes consecuencias y que nos encuentre unidxs, con menos ombligo y más codo a codo, más humanxs. Ojalá, también, que esto no fomente la discriminación ni el racismo porque la peste, seguro pasará, pero las consecuencias de la discriminación quedan.


 

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